viernes, 4 de junio de 2021

Historias del Noroeste 6: El fenómeno paranormal

 No tenía que contarlo. Ya lo digo desde el principio. Siempre que lo cuento acabo con que no me cree nadie. Pero yo soy un difusor convencido de la verdad de los hechos que sucedieron. Y como tal los difundo.

Mi primo y yo vivimos un fenómeno paranormal. Nadie se lo cree. Pero fue verdad. 

El caso es que en un verano en el profundo noroeste, volvíamos a la inmensa casa familiar. Una casa vieja y por tanto ruidosa. 

Nosotros teníamos unos 20 años. Volvíamos a altas horas de la madrugada. Si, habíamos bebido y habíamos fumado. Si. Pero lo sabíamos. Sabíamos en que estado íbamos, por experiencia, y por eso tomamos precauciones. Es decir, íbamos cocidos, pero como lo sabíamos ya tuvimos cuidado. Por eso ese factor es desdeñable.

Así que cuando algún alma cándida (que no recordamos) nos dejo en la carretera a la altura de nuestra casa, nos tomamos muy en serio no hacer ruido. Entramos por la puerta de los coches, no por la del jardín que tiene un chillido peculiar que avisa de que viene alguien. Tuvimos cuidado y entramos por la puerta de los coches. Una vez que abrimos (y cerramos) el portón de entrada, nos hicimos una composición de lugar.

Tenemos que subir dos pisos, descansillo y primero y descansillo y segundo. Ahí está nuestro cuarto. Cuidado en el primero que hay un montón de familia durmiendo (familia de la que no ve bien que llegues cocido a las tantas mayormente...). Subiendo por una escalera de madera que gime, gruñe y hace todo tipo de ruidos.

Así que mi primo y yo subimos muy despacio. Pisando sólo el extremo de los peldaños. Primer descansillo, bien. Primer piso, aquí silencio. Segundo descansillo...mira, se ve la puerta de nuestro cuarto. Una tirada más de escaleras...y aparecimos de nuevo en el primer piso.

Al darnos cuenta un sudor frío nos lleno el cuerpo y nos asustamos mucho. Mi primo, a la sazón estudiante de Fisica con muy buenas notas, me empezó a explicar "Eh, que hemos atravesado un agujero...no se si espacio temporal o sólo espacial...pero íbamos arriba... y hemos acabado abajo!!!"

Yo estaba muy asustado: "No subo, tío, no subo. Ahí pasa algo. No se que pasa pero no subo. Yo duermo aquí"

"Que no, que igual hemos cambiado de día, de año...o de época...Hay que pasarlo otra vez..."

En medio de esa discusión, que tenía lugar en la puerta del dormitorio de unos tíos míos, muy respetables profesionales del derecho los dos, se abrió la puerta y salio mi tía.

Igual no era el mejor momento, pero mi primo le dijo "Tía que bien, estas igual, no estas mas jóven ni más vieja...el agujero es sólo espacial..."

Mi tía empezó a lanzarnos una bronca en un susurro gritado, poniendo una cara amenazante que hizo que mi primo y yo saliéramos propulsados hacía el piso superior, incluso atravesando el previamente existente agujero espacio temporal y llegáramos rápidamente a nuestro cuarto.

Al día siguiente, en el desayuno comunitario (las 20 ó 30 personas que estábamos en la casa, acabábamos todas juntas, desde las que desayunaban a las 8 hasta los que llegábamos a medio día...) hubo una bronca choteo generalizado.

Pero nosotros explicamos el fenómeno muy dignos. Y nadie nos creyó. Pero nosotros sabemos lo que pasó.

Yo viví un fenómeno paranormal.


viernes, 30 de abril de 2021

Como hacer que las parejas funcionen. La importante teoría del Triunfador y el Resignado

 

No tengo ni puñetera idea de como funciona una relación de pareja. Ya lo adelanto. O sea, llevo más de 20 años de matrimonio con La Parienta. Pero igual que nos ha salido bien (si el hecho de que sea largo lo consideramos “bien”) podría habernos salido mal.

No nos ha salido mal porque ni nos peleamos ni discutimos. Vale. Pero eso ha sido simplemente porque en estos años hemos cambiado los dos, pero manteniendo el paralelismo. Es decir, La Parienta es una mujer diferente a aquella con la que me case el milenio pasado, yo soy un tío diferente de aquel con el que ella se casó…pero hemos evolucionado en paralelo, no en direcciones divergentes. Si hubiéramos evolucionado en direcciones divergentes, la cosa se habría acabado. Así de simple. Azar.

Pero, dentro del azar, hay una teoría que tengo muy estudiada y que he recomendado a mucha gente y les ha gustado. Una teoría que puede ayudar a que las parejas funciones. Aquí os la lanzo para que admiréis mi sabiduría.

Toda pareja humana se compone de dos miembros. El Triunfador y el Resignado. El Triunfador es aquel que, a la hora de emparejarse, picó un poco más alto de lo que le tocaba. Probó suerte y le salió bien. El Resignado, por el contrario, es el que podía haber elegido algo mejor. Podía haber esperado y pillar algo más de su nivel…pero se conformó con aquello y acepto le bajada de nivel.

¿Y esto en que influye en la pareja?. Fácil. Es muy importante darte cuenta si en tu pareja eres Triunfador o Resignado. Porque tu comportamiento a lo largo de la vida de la pareja ha de permanecer siempre en aquel rol del inicio.

El Triunfador ha de comportarse siempre como tal. Es decir, ha de esforzarse en demostrar al Resignado que le compensa haber aceptado quedarse con ese de nivel más bajo. El Resignado a su vez, nunca ha de perder el tono de superioridad y mantener algo del “endiosamiento” del principio, y ha de tener siempre la condescendencia necesaria para juzgar y estimular al Triunfador. Así, manteniendo los roles, la pareja funciona. ¿Qué pasa si un Triunfador se comporta o se cree un Resignado?. Que la pareja se va a la mierda. Ojo, puede ser que uno este equivocado desde el principio, puede que se crea un Resignado y sea un Triunfador…si los roles no están bien definidos y asumidos…la pareja hace aguas. Y los roles se mantienen de por vida. No cambian.

Y ¿a qué se refieren los roles de Triunfador y Resignado en el campo de la pareja?. Pues a todo, a nivel intelectual, a inteligencia, a belleza, a clase social…básicamente a todo. Tu puedes hacer una  media de todo lo que quieras e ir viendo en los distintos campos en que eres Triunfador y en que Resignado…puedes buscar como quieras. Pero al final cada uno tiene un rol. Solo uno. Triunfador o Resignado. Y como tal ha de comportarse.

Y analizar las parejas del entorno, que es muy divertido.

lunes, 12 de abril de 2021

Lecturas que vienen y van

 

Recuerdo a mi padre leyendo ensayo. Sobre todo, ensayo. Muy pocas novelas.

Yo de joven no entendía que nadie pudiera leer ensayos. Yo leía novelas y teatro. Me gustaba leer teatro. Había quien lo odiaba, pero a mi me parecía muy entretenido. Recuerdo haber leído ensayos…obligado en el colegio. Para mi le literatura eran novelas. Vale y quizá un poco el teatro.

De repente, en la mili, me sobraba mucho tiempo y empecé a leer poesía. No sé por qué, no sé cómo surgió. Sé que ese año le dieron el premio Nobel de Literatura a un poeta irlandés. Se me ocurrió empezar a leer su libro. Y me gustó. Así que durante los largos meses de mili leí poesía.

Desde entonces siempre he leído de vez en cuando algo de poesía, aunque últimamente poco. He seguido leyendo mucha novela, y un día sin venir a cuento empecé a leer  cómic. He tenido una temporada de leer muchísimas novelas gráficas.

Y ahora de repente, repasando mis lecturas descubro que estoy leyendo bastante ensayo. No he sido consciente, no me he dado cuenta, pero el caso es que entre mis últimos libros (los últimos años) hay unos cuántos ensayos. No sé si empecé con Kapuchinsky o con Bill Byrson. Pero desde entonces no es raro que este leyendo algún ensayo.  Es cierto que es más farragoso que leer novela, que es más difícil engancharte y que no es tan “distracción” como leer una novela. Pero también está bien.

Me hace gracia, me llama la atención como van pasando los tipos literarios por la vida de uno, como llegan y se van de forma inconsciente, sin pretenderlo ni forzarlo.

¿Es viejuno leer ensayo?¿leer poesia es de jovenes?

viernes, 26 de marzo de 2021

De cuando Molinos se cargo mi productividad en las últimas semanas...

 De repente un día la insigne Molinos ®, esa ex bloguera transmutada en un hibrido entre influencer y coach, me dejó un comentario en este humilde blog haciendo referencia a la serie This is us (Así somos). Y no sé por qué, pero decidí darle una oportunidad.

Daba un poco de miedo una serie recomendada por la misma persona que recomienda un montón de podcast cuturetas en inglés, pero bueno, había que probarlo. Voy a contar la experiencia, sin hacer spoilers, para que os lancéis a verla.

This is us empieza como una serie con un planteamiento complejo pero un argumento simple. Un matrimonio con trillizos. Luego la serie va contando en paralelo la vida de el matrimonio con las vidas de sus trillizos y la cosa se va liando…La cosa se va liando porque la serie va liando en paralelo los acontecimientos con treinta años de diferencia. Va saltando de personaje a personaje y de época a época.

Y así, poco a poco, la serie va enfrentando a una familia a todas las situaciones posibles. Pero es que esa familia, ese núcleo central con ramificaciones, los padres, los trillizos y sus respectivas ramas, acaban siendo todas las familias del mundo. This is us. Y acabas viendo todas las posibles relaciones y todos los conflictos que hay en todas las familias.

Aparecen todos los problemas de las parejas, todos los problemas padres-hijos, todas las combinaciones de posibles relaciones de hermanos…Y tu te vas viendo en un caso o en otro. Y si estas casado o no, si tienes hijos o no, si eres hijo…en algún momento sales ahí. Y ves las distintas formas de actuar y de reaccionar. Y empiezas a verte y a analizarte como hijo primero, como padre después, como hermano, como pareja…

Y llega un momento en que te rompes. Y estas viendo un episodio y llorando a moco tendido, porque en realidad estas en una sesión de terapia viendo como afectan a distintas personas los acontecimientos de la vida. Y como tú “quita de ahí” a uno le puede parecer una broma y a otro un insulto. Aunque no quieras, aunque intentes evitarlo, te examinas y revisas tu vida…

This is us no debería traducirse por Así somos. Más bien la traducción sería Estos somos. Porque somos todos, todos estamos ahí, y no estás viendo una serie. Estas viendo la vida. Además, la serie esta rodada toda en planos cortos, es una serie de caras, caras que hablan, que se hacen cercanas y que parece que te hablan a ti.

Lloras, te ríes, te alegras, sufres, te replanteas, revisas tu vida, te duele…Todo eso te pasa.

No puedo contar mucho más, no voy a estropearos nada, pero dejad lo que estéis haciendo (incluso leer este blog) y poneros a ver esta serie. Al principio te recuerda a Aquellos maravillosos años. Pero cuando te quieres dar cuenta, ya no te recuerda a nada, porque en la serie estas tú y la serie es un tránsito por tu vida. Pero vista por otros

martes, 9 de marzo de 2021

La alucinante y desconocida historia de una hermandad de motoristas (Parte 3)

 

Venancio Muñiz miraba y remiraba, se frotaba la cara llena de sudor y seguía intentando asimilar algo de todo aquello. Ante el tenía decenas de listones con muescas, un par de pergaminos dibujados y varias tablillas de barro, cubiertas de cera, en las que apuntaba y borraba. Sobre todo borraba, porque a Venancio Muñiz no le cuadraba nada de lo que le tenía que cuadrar.

Hacía muchos meses que Venancio había salido de Astorga. Desde que los maragatos transportaban los caudales que venían del Nuevo Mundo, estaba asumido que los arrieros maragatos iban a ir al otro lado del océano para gestionar allí los portes. Que también los había. Venancio Muñiz, Venan, había salido hacia América con el primer envío de caballerías de carga. Desde Sevilla a la isla de Cuba, y de ahí a México, Y allí estaba asentado.

Asentado era un decir. Bajo la protección del virrey y a las órdenes directas del gobernador, Venan había conseguido unas caballerizas dignas. Había formado unas cuadras y garantizado la alimentación de las bestias. Y estaba formando un cuerpo de arrieros, herreros, guarnicioneros… Ex conquistadores que ya se habían asentado en aquellas tierras y renunciado a las grandes riquezas. Ahora ya se conformaban con un trabajo digno.

Los caballos se habían adaptado considerablemente bien, pastaban, comían e incluso se empezaban a reproducir. No parecían tener problemas.

Incluso habían podido elaborar las primeras carretas y diligencias, copia de las que habían traído de España, pero elaboradas con madera local. Y la admiración de los indígenas que no entendían ni de caballos ni de ruedas.

Pero Venan no estaba satisfecho. Venan no era capaz de ordenar y organizar unas rutas de transporte dignas del nombre de rutas. El primer problema eran las distancias. Madrid-Ames era la ruta más larga de los maragatos en España durante los años previos al descubrimiento. Luego pasó a serlo Sevilla-Madrid.

Eran las distancias usuales, para las que conocía los relevos, los cambios de caballería, los avituallamientos… Un viaje Sevilla-Madrid o el ya legendario Madrid-Ames, suponía unas cuatro jornadas. A partir de ahí podías alargarlo según dispusieras de más o menos carga o de más o menos caballos de refresco. Pero esos cuatro días eran manejables. Un arriero podía pasar un día sin comer si iban mal las cosas. O los caballos aguantar doce horas sin beber. Un viaje de cuatro días te permitía cierto margen de maniobra.

Al llegar a México, todas sus estrategias se habían ido al traste. Del puerto de Veracruz hasta la capital México-Tenochtitlan había entre diez y doce días de viaje. Los viajes los hacían destacamentos militares, veinte hombres que transportaban lo necesario para el viaje y este era una expedición militar. Y ahora Venan tenía que transformar esas expediciones militares en rutas de transporte regular.

Y no sabía como hacerlo. Tenía caballos, carretas, mercancías y no sabía como hacerlo. Era un fracaso como arriero. Siendo maragato eso era lo peor que le podía pasar.

Se dio cuenta muy pronto que la estrategia del miedo no iba a funcionar allí para proteger las cargas. Primero porque las cargas eran de un valor incalculable y segundo porque allí todo daba miedo. No pasaba un día sin que se descubriera un animal nuevo, un sonido diferente en la selva, una planta que provocaba una irritación…El medio no era conocido, era una desventaja para todos.

Venan había dejado de pensar en las distancias y se centró en proteger la carga. Como llevarla de forma segura. No había población hostil que la quisiera, al menos en principio, pero si había información, mucha información que transmitir. Era importante saber quien enviaba la carga y quien era el destinatario. La carga podía salir del gobernador o del virrey. Incluso de particulares. Y debía ir a España de forma oficial… Al menos en teoría. Pronto había sido advertido de que habría envíos extraoficiales, para las arcas privadas de gobernador, del virrey, de nobles que extendían su poder desde España, de pagos de prebendas y sobornos al margen de la Hacienda real. Todo eso tenía que ir consignado desde la salida y saberlo en el puerto de Veracruz para allí tratarlo en forma adecuada. Y todo eso no podía ir con ninguna marca ni señal llamativa.

Y allí estaba Venan, con carros y carretas, solo carros y carretas, para poder organizar aquello.

Sólo carros y carretas pensó. Y caballos claro.

Una idea fue abriéndose paso en su cabeza. Venan se levantó de un salto y corrió a las caballerizas. Allí comprobó los colores de los caballos, las capas. Había tordos andaluces, alazanes y castaños, había varios con mezclas de colores. Y había yeguas y caballos suficientes para hacer todas las combinaciones.

Este pequeño cuento leyenda, este intermedio novelado se contó durante generaciones entre los maragatos. Sabemos que Venan, Venancio Muñiz, existió y fue el responsable de la organización de las primeras rutas de transporte de las Américas. No sabemos si fue o no exactamente como aquí se ha contado. Pero debió ser algo parecido…

La cuestión es que Venan llevó la Hermandad a otro nivel. Ya no fue tanto el proteger las cargas. Venan fue capaz de inventar todo un código de señales que solo los arrieros maragatos sabían interpretar. Cualquier maragato, al ver pasar un transporte, podría decir un montón de cosas. De dónde venía, a donde iba, qué transportaba y por orden de quién.

La información corría por las Américas y llegaba a España. Y de España volvía. Todo eran señales legibles para quién sabía el código. El número de caballos, su disposición y sus colores, el tipo de carro que arrastraban, la vestimenta del cochero y del postillón... todo, todo tenía un significado para los ojos del miembro de la Hermandad. Saber quién había caído en desgracia, quien era un corrupto, quien había ascendido en la sociedad y que se mandaban todos ellos entre sí dio a la Hermandad un poder enorme. Los miembros de la hermandad se iban informando unos a otros, iban enseñando a los niños los diferentes códigos para entrar en el oficio… Toda una tradición oral, nunca escrita, que explicaba desde cómo se creó la Hermandad hasta que significaba en América un postillón con el traje típico maragato.

Quedan restos de estas marcas y señales. Aunque seguramente no lo saben, los gauchos argentinos se empezaron a vestir con las ropas que veían a los arrieros que llegaban a la Argentina desde México. Este traje, el traje que hoy conocemos como gaucho, no es más que una derivación del traje típico maragato. Se quedaron con el traje pero no con el significado. En México también hay un triángulo que forman 3 poblaciones: León, Zamora y Salamanca. Un trío que se usaba para alterar y cambiar rutas sin que entendiera nadie el porqué. Pero es que a veces los carros que transportaban riquezas (oro sobre todo) debían descargar algunos kilos por el camino. Por el de León o el de Zamora…




 

 

 

Incluso en Iowa, en el medio oeste de los Estados Unidos, hay dos poblaciones muy cercanas llamadas Madrid y Ames. Así señaló el maragato que estuvo allí el final de la ruta. Nunca se debía ir más allá en los portes. El invierno salvaje las duras condiciones de la zona impedían hacer rutas más al norte.

 


 

 

martes, 2 de marzo de 2021

Mi hijo, la elasticidad de los cuerpos y la vejez

 

Siempre he sido más o menos gordo, desde que recuerdo. Me gusta comer, beber y no me gusta prácticamente nada que requiera el mínimo esfuerzo físico. Salvo eso claro…

De joven tenía más o menos organizadas mis épocas de engordar y adelgazar. Tengo la ventaja de que soy alto, casi metro ochenta y cinco, con lo cual podía subir y bajar de peso sin que mi aspecto cambiara demasiado. Es decir, yo podía subir y bajar diez kilos en poco tiempo y con muy poco esfuerzo.

Eso era hasta un día, el día que empecé a notar la vejez. De repente cuando me puse a perder los kilos que me sobraban, no se iban. Pasé una agonía de tiempo hasta que los perdí. Lo justo para volver a engordar… Mi cuerpo dejo de ser elástico. A partir de ahí, lo de perder peso era una agonía. Y tenía que procurar no ganarlo. Está bien, es lo que tiene envejecer.

Pero mi hijo ha llevado esa elasticidad al extremo. Al punto de dejar en ridículo mi elasticidad. Mi hijo también tendía a ser gordo. No tanto como yo, también es verdad que no llega a metro ochenta, así que no se puede permitir tanto margen. Pero empezó a machacarse haciendo deporte. Y se convirtió en un tío algo gordo pero fuerte como una mula.

De repente un día, hace como año y medio, nos dijo que iba adelgazar. Que ahora en vez de que su cuerpo fuera nosequé, como ya no iba a jugar tanto a balonmano, quería que su cuerpo fuera nosecomo. Su madre y yo, sin hacer mucho caso, le dijimos que podía hacer lo que quisiera. Pero que se hiciera unos análisis cada seis meses para ver que estaba bien…

Mi hijo ha adelgazado veinte kilos.

Ojo, sin perder la fuerza. O sea, ha cambiado de tipo de alimentación y ha seguido destrozándose en el gimnasio. Mi hijo era un mostrenco de casi 80 kilos que levantaba 150 kilos en peso muerto. Ahora mi hijo es un figurín de 62 kilos…que sigue levantando el mismo peso. La verdad es que impresiona. Aparte de que aprovecha para llevar la ropa superceñida (renovación de vestuario completa), la verdad es que yo no creo recordar a nadie con todos los músculos a la vista, como los tiene el.

Yo pensaba que ese era el aspecto que quería tener. Pero no. Mi hijo es como los Pokemon con los que jugaba de pequeño. Va adquiriendo formas. Y el otro día dijo que quería ir al nutricionista.

-¿Para qué?¿aún quieres adelgazar más?

Pues no. Según me dijo había acabado la fase de definición y ahora tenía que entrar en la fase de coger volumen

-¿Qué?¿ahora engordar?

Pues si. Ahora se ve que tiene que engordar. Pero engordar manteniendo la misma proporción de músculo, no se bien como, y el nutricionista le va a indicar lo que tiene que comer. A la vez que, como siempre sigue matándose en el gimnasio. L idea es que ahora tiene que ganar entre 5 y 10 kilos. O sea, perdió 20 y ahora recupera la mitad, o algo así.

Total que yo alucino viendo como con la elasticidad de la juventud modela y remodela su cuerpo según le viene en gana. Mientras que mi vejez va haciendo inamovible cada célula del mío… Pero he descubierto algo. Yo no estoy gordo.

Estoy en fase de coger volumen,

martes, 16 de febrero de 2021

La alucinante y desconocida historia de una hermandad de motoristas (Parte 2)

 

En Irlanda históricamente se han recogido y comido algas. Las mareas se retiraban y dejaban enormes cantidades de algas en las playas. Los irlandeses, ayudados por robustos caballos de carga, bajaban a las playas. Cogían aquel alimento gratis, no sometido al impuesto del señor feudal inglés, y lo transportaban a sus casas.

Y entonces llegó la Gran Hambruna.

La Gran Hambruna de Irlanda duró varios años, entre 1845 y 1852. Mató a un millón de irlandeses y obligó a emigrar (fundamentalmente a EEUU) a otro millón. Redujo la población de la isla en un 25%. La Gran Hambruna se debió sobre todo a un hongo que infectó las patatas. Base de la alimentación de muchos irlandeses.

La falta de patata y otros productos de huerta, hizo de las algas un bien muy valioso. Y que merecía la pena ser transportado por toda Irlanda. En cuanto apareció el transporte, aparecieron los robos y asaltos a los que transportaban…

Unos irlandeses que hacían el Camino de Santiago en los años de la Gran Hambruna, para pedir ayuda al santo, habían vuelto a su Galway natal con un maragato. Un descendiente del famoso maragato Cordero (Santiago Cordero, un legendario arriero) se había enamorado de una pelirroja irlandesa. Y tras casarse con ella en Santiago, la había acompañado hasta Irlanda. El asunto no deja de ser curioso por cuanto ni el maragato hablaba ingles ni la de Galway español, con lo cual hemos de pensar que se entendían en el universal lenguaje del amor.

El maragato establecido en Galway pronto tuvo noticia de los robos y asaltos a las diligencias con algas. Recordó entonces como había oído contar de siempre, en Astorga, como se creó y como funcionó la “Irman” (la hermandad). Con esfuerzos ímprobos y ayuda de gesticulación y señas, el maragato explicó a los irlandeses como se podían proteger los envíos. Un grupo de “bandidos”, historias de duendes y seres mitológicos de la tradición celta empezaron a correr de boca en boca por toda Irlanda.

Así, los pescadores de algas de Irlanda, protegieron sus envíos del mismo modo que los maragatos. Sólo cambiaron una cosa. En vez de “Irman”, el duro acento irlandés le cambió el nombre de forma que sonaba algo así como “Cherman”. Con los años, según el maragato fue aprendiendo la lengua mezcla de gaélico e inglés  de la costa oeste irlandesa, pudo explicar el significado correcto de “Irman”. Pero como ya se habían acostumbrado al nombre de “Cherman”, en vez de cambiar el nombre a Brotherhood (hermandad en inglés) pasó a llamarse la Cherman Brotherhood. Que con los años al dejar de ser fonética y tener que escribirla, se le dio el nombre de Sherman´s Brotherhood. Pero no adelantemos acontecimientos…

Inciso: Con la llegada, sobre 1920, de los Black and Tan del ejército británico para resolver la revuelta popular de Irlanda, el pueblo se organizó para formar un ejército al que llamaron IRA, siglas de Ejército Republicano Irlandés pero también acrónimo de IRMAN, en recuerdo de aquella primera lección de autodefensa que recibió el pueblo de Irlanda.

Llegamos pues al momento en que tenemos a la “Cherman Brotherhood” en Irlanda, después de importarla de la maragatería.

¿Cómo puede ser que se conservara la tradición de la hermandad? ¿Cómo se había mantenido su método de trabajo? ¿Cómo sobrevivió desde el siglo XV hasta llegar a Irlanda en el XIX?

Para eso tendremos que ver que pasó en América en los primeros dos siglos de su historia como Nuevo Mundo

miércoles, 10 de febrero de 2021

Miedo

Hoy he tenido miedo.

He paseado después de comer por un pinar inmenso de Castilla. Un pinar como los que pateaba cuando era pequeño, en el pueblo de mi padre. Castilla profunda cerca de Peñafiel. Iba disfrutando del sol y del aire, sin la puta mascarilla. Si, iba incumpliendo todas las normas. 

Y entonces me ha dado por pensar que qué iba a pasar si esto no mejoraba. Que pasaría si la situación no remontaba. Si iba a peor. Si esto sólo era el principio de un final apocalíptico con un escenario tipo Mad-Max. Había sol, ese sol con algo de aire de Castilla, que te da toda la luz pero nunca llega a calentarte.

He dejado que el miedo poco a poco se apoderara de mi. El miedo es como una sombra negra que te va invadiendo. He temido que no fuera imaginación sino premonición. Y me ha dado miedo que todo empeorase. O que le pasase algo a mi familia o a los míos. O que fuera el final. El miedo lentamente se extiende, y de pronto tengo miedo a que me falle la salud, tengo miedo al accidente, tengo miedo...a todo.

Había tanta luz en el pinar y se estaba en un entorno tan privilegiado en estos tiempos extraños, que hacia raro tener miedo. El miedo se suele asociar a lo lúgubre y lo oscuro.

De repente estaba sólo, echaba de menos poder abrazar a mis amigos. Echaba de menos a la parienta. Estaba muy sólo y tenía miedo. Si le dejas el miedo te va invadiendo.

Lo he soportado, he aguantado el tirón, he imaginado que sólo eran aprensiones mías. He vuelto al coche y he seguido poniendo tonterías en el grupo del Whatsapp

lunes, 8 de febrero de 2021

La alucinante y desconocida historia de una hermandad de motoristas (Parte 1)

Pertenezco desde hace muchísimos años a una hermandad motera. Incluso los años que no tuve moto, porque se puede ser de esta hermandad motera sin tener moto. Una hermandad motera no es un club motero, es algo diferente...ya lo explicaré. La hermandad a la que pertenezco no es secreta, pero no es pública. Es decir no hay una dirección, ni web, ni nada donde acudir para contactar con ella. Normalmente la hermandad contacta contigo. En mi cargo actual en la hermandad (estoy bastante arriba en el organigrama, baste con eso por ahora) tengo el deber de custodiar los documentos de la misma. Entre ellos un maravilloso manuscrito en el que se ha ido desarrollando la historia de la hermandad. Para evitar que el manuscrito se pierda voy a pasarlo a ordenador y dejar aquí una copia. Total este blog lo lee tan poca gente que es un sitio bastante seguro para ocultar algo. Es un rollo pasar un manuscrito a ordenador, así que lo iré haciendo en capítulos... este es el primero.

Para entender la formación y existencia de la Sherman´s Motoclub Brotherhood (SMB en adelante) hay que remontarse al año 1367. En ese año, el rey Enrique II nombra a los arrieros maragatos como arrieros oficiales de la Corona de Castilla para el transporte de los caudales reales y del producto del cobro de los impuestos.

Los arrieros maragatos habían adquirido fama como transportistas desde el siglo XI. Gente de la comarca de El Bierzo, la zona de León limítrofe con Galicia, se acostumbraron a transportar el cereal del Reino de Castilla a Galicia. Y el pescado de Galicia a Castilla. Su núcleo principal de población era Astorga y actuaba como lugar de encuentro para los arrieros y centro de contratación y negocios.

Los maragatos, acostumbrados a las caballerías, único ganado que podían criar en la dureza de sus sierras, se habían acostumbrado a defender muy bien sus caravanas. No tanto por el valor de las mercancías sino porque reconocían el valor de sus bestias. Por esa forma de defender la mercancía, el rey Enrique II decidió darles la exclusiva del transporte de los caudales. Pese a que el precio de los servicios de los maragatos era superior al de otros arrieros.

Esa fama les serviría con el tiempo, para hacerse cargo incluso del porte de los tesoros que llegaban del Nuevo Mundo a la corte en los siglos XV y XVI. Los maragatos protegían su carga y eran gente de palabra. Esas eran sus virtudes.

Inciso: De hecho es paso fino colombiano no es más que lo que el intento de los que iban a América de enseñar a las caballerías el pasportillo, uno de los pasos que usaban frecuentemente los arrieros maragatos y que los viajeros veían en los puertos.

Cuando el rey les nombró arrieros oficiales, a mediados del siglo  XIV, los maragatos que se reunían en Astorga, decidieron que tenían que reforzar la seguridad de sus caravanas. Ya no solo había que proteger las caballerías, sino que sus mercancías ibas a ser valiosas. Muy valiosas. No sabemos exactamente como ni de quien surgió la idea, Pero si en que consistió esta.

Los maragatos llegaron a la conclusión de que las armas y los hombres eran una pobre defensa. Armas y hombres podían ser vencidos por un número mayor de armas y hombres. Así que idearon un plan que les hiciera, de alguna manera, invencibles.

Por eso los maragatos crearon una hermandad. Un grupo de arrieros que sostenía a una parte de ellos, liberados de sus funciones como transportistas, que ocuparon determinadas posiciones en las rutas. Se hicieron bandoleros y forajidos. Asaltaban a viajeros (estaban cercanos al Camino de Santiago) y marcaban determinadas zonas como “peligrosas” o malditas”. Por esas zonas, con forajidos, no se aventuraba nadie.

Salvo, claro está, sus compañeros arrieros maragatos que encabezaban expediciones seguras y, discretamente, además les suministraban toda la logística necesaria.

Pero no sólo eso. La hermandad, como la llamaban los maragatos, hizo correr leyendas. La leyenda de la Santa Compaña, esa caravana de luces que asustaba y sigue asustando a muchos gallegos, no era otra cosa que viajes nocturnos de la hermandad. Que a través del miedo mantenía a la gente alejada.

La hermandad de los maragatos había descubierto que ni las armas ni los hombres. No. El miedo iba a ser su principal arma para defender sus viajes.

Hay que hacer notar que en el castellano de la época el término hermandad en la zona de El Bierzo, con su castellano entremezclado de dialecto gallego, se pronunciaba algo así como “irmandá” (en gallego irman es hemano). Con el paso del tiempo “irmandá” fue cambiando la pronunciación a “irman”. Luego veremos la importancia de este vocablo.

Mientras los maragatos siguen transportando caudales durante los siglos siguientes, nos trasladamos a Irlanda. Otro punto clave en la historia de la SMB.


jueves, 4 de febrero de 2021

Ayer no hubo un incendio en un hotel...

 Lo bueno de esta situación de pandemia y casi prohibición de viajes es que los que tenemos autorización para viajar podemos ir a hoteles de putisima madre por 50€ alojamiento y desayuno. Lo malo es que parecen hoteles fantasma. 

Pensaba yo eso anoche mientras bajaba a las 00:10 a fumar el último pitillo. Había estado currando en la habitación del hotel desde el final de la tarde hasta entonces. Sin cenar. Pero antes de acostarme necesitaba el cigarrito de final del día y en el cojo hotel de esa ciudad de levante estaba prohibidisimo fumar. Así que deje todos los bártulos, me puse el pantalón y un jersey encima del pijama y baje a fumar. Cruce la recepción desierta se abrieron las puertas automáticas, salí y fumé. Apague el cigarro en el cenicero puesto al efecto. Me acerque a las puertas automáticas...y no se abrieron.

Había un cartel, que no había visto al salir, que decía que disculpáramos los clientes pero que estaban en tareas de mantenimiento. Que si hacía falta algo llamáramos al teléfono... Me imagine que con el mínimo personal que tenían, quien estuviera en recepción se iba a dormir. Y para que abrieran las puertas había que llamarle. Con el teléfono móvil.

Como el que había dejado cargándose en la habitación.

Así que estaba en la calle y sin posibilidad de llamar. 

Calcule que con la poca gente que había en el hotel, la posibilidad de que a esa hora saliera alguien era casi nula. Además supuse que habían cerrado  porque ya no tenía que entrar nadie. Y además, a esas horas y con toque de queda, no iba a llegar nadie... "Manda huevos, con lo que has vivido macho, que te quedes aquí colgado" pensé. 

Intente hacer ruido llamando a las puertas de cristal. El cojo hotel tenía una recepción descomunal, no creo que el sonido escaso que hice llegara a ninguna parte. Intente abrir las puertas a lo bruto. Ni de coña. Pero eso si, quedaba una ranura como de 1cm sin cerrar. Así que me quite el cinturón del pantalón, lo metí por la ranura y empecé a agitarlo a ver si así se activaba la célula interior....No. Era buena. Busque otras puertas. Al lado de la puerta del hotel había dos puertas cerradas, una con un ascensor y otra con unas escaleras... Pero estaba el Parking. Bajé la rampa de los coches (el mío se había quedado en la calle vacía) y busque la puerta. Puerta con tarjeta magnética para huéspedes. Probé y mi tarjeta no la abría. Puerta con ascensor para ir a recepción. Respiré aliviado, marque recepción...y salí otra vez a la calle en la puerta de al lado de la de recepción...

Mierda.

Entonces me fije que la otra puerta debía de ser una escalera de incendio. Estaba cerrada pero con un resbalón nada más. La abrí metiendo la tarjeta magnética de mi habitación, como hacíamos en el cole con los despachos de los profesores.

Subí dos o tres pisos sin acceso al hotel sólo escaleras. Supuse que eran los pisos de gimnasio, cafetería salones... De repente una puerta que debía dar hacia el hotel. Se abría empujando. La abrí y estaba al lado de una habitación, exactamente la mía pero 5 plantas más abajo. Sólo me faltaba ir a la sexta donde estaba mi habitación. Inicie el paseo hacia los ascensores y de repente se puso a sonar la alarma más fuerte que he oido nunca.

Supongo que la escalera de incendios estaba conectada a la alarma... El caso es que corrí como alma que lleva el diablo hasta las escaleras, descarté el ascensor porque vi que lo estaban usando. Subí cinco pisos a toda leche (con grave riesgo de infarto). Por lo menos a mitad de la subida oí como paraba la alarma. Me cerré en mi habitación. Tarde un buen rato en recuperar el aliento y otro en conciliar el sueño.

Por la mañana desayuné (te dejan el pack de desayuno en la puerta) y bajé a pagar en recepción. Nadie decía nada... Pero de repente me fije en que a través de la puerta abierta detrás del mostrador se veía una pantalla con vistas a un montón de cámaras de seguridad...Mierda. Esperé la factura impertérrito, y cuando me la dieron, justo al ir a dar la vuelta y salir el recepcionista me preguntó bajito y con una voz muy dulce:

-¿Pero por qué no llamó al teléfono que ponía en la puerta?

Me puse rojo sangre de toro y dije, apunto de hacer pucheros:

-Es que me había dejado el móvil en la habitación...

-Aaaaah. Muy bien.- Sonrio - esperamos que haya disfrutado de su estancia. Que vuelva pronto.

Pues...no sé si tendré huevos...

miércoles, 27 de enero de 2021

Que se callen los sanitarios

 

Sé que no vamos a salir mejor de esta pandemia. Vamos a salir peor. Sobre todo porque habremos visto nuestro lado peor. Lo malos y egoístas que podemos llegar a ser como grupo y como individuos.

También va a ser, está siendo, un momento de examinar nuestras estructuras y recursos. De ver como funcionábamos. Y hay instituciones que van a saltar por los aires. Que han demostrado su inutilidad.

Concretamente, en este país de cuñadismo y navajeo, se ha demostrado la absoluta falta de afiliación y de capacidad de representación. No hablo de los políticos, que ya se sabía. Hablo de los profesionales. Si nos ponemos a contar instituciones y organismos de representación en la cosa de la sanidad pública, nos podemos aburrir. Colegios profesionales provinciales, consejos autonómicos de colegios, consejo nacional, sindicatos de clase, agrupaciones o asociaciones por especialidades… Un sinfín de estructuras con sus cargos y su presunta función de representación.

Pues bien, llegado el momento de necesitar la sociedad una voz autorizada, un interlocutor que informe y tranquilice, toda esa estructura ha demostrado su inutilidad. Ni un solo profesional ha pensado o dicho: “voy a esperar a que mi colegio profesional o mi asociación de especialistas o mi sindicato guay de gente como yo de una versión oficial”. Que va. Todos, los buenos, los malos y los regulares se han lanzado a opinar. Graban videos poniendo por delante su puesto y su número de colegiado y su especialidad y luego empiezan a decir sandeces, o a decir cosas muy inteligentes, da igual, pero lo hacen desde la individualidad y la irresponsabilidad más absoluta. Sin ningún filtro lanzan su visión parcial (porque el individuo que no conoce la totalidad del asunto sino sólo lo que ve cada día, tiene una visión obligatoriamente parcial) para darse importancia y fardar con los vecinos de lo mucho que saben y lo virales que se han hecho.

Y si queda alguno sin malear, les llama una tele o una radio y ahí se lazan a opinar con ningún respeto y sin dar valor a la importancia de la prudencia y la ciencia…Y si algún experto de aquí no viste suficiente, llaman a un experto de algún sitio del extranjero que suene bien, y ese se lanza a opinar sin decoro sobre la sanidad de un país que igual hace 20 años que no pisa.

Sobran expertos. Sobran irresponsables. Sobran representantes autoproclamados. Tenían toda una serie de estructuras muy bonitas y bien financiadas. Y no han servido. Porque no las han respetado y porque no han sabido hacerse respetar.

Sólo espero, que cuando pase todo esto, alguien se dedique a recopilar audios y videos e intervenciones y a ir examinando despacito y con bloc de notas, las tonterías que se han dicho y los mensajes alarmistas que se han difundido. Y se les empiece a exigir responsabilidades a los opinadores.  Tu has opinado esto en este momento, pues te va a caer un paquete por gilipollas, por difundir bulos, por crispar, por hacer propaganda política, por mentir…

Claro que su corporativismo no les dejara ir por ahí…


viernes, 22 de enero de 2021

Historias alucinantes que puede haber en casa de su vecino

 

A poco que te esfuerces, sólo con un poquito de atención y empatía, puedes llegar a conocer historias alucinantes. Vivimos en un mundo globalizado donde tu vecino del tercero puede tener una historia que no desmerecería en una película. Hay que saber preguntar. Y saber escuchar…

Dimitri nació en la Unión Soviética. En la Ucrania de la que era originaria su familia, desde antes de que fuera la Unión Soviética. Sus padres eran maestros, los dos. Estaban titulados y tenían buena reputación. Por eso el gobierno de Moscú les dio una oportunidad. Algo que sólo se ofrecía a gente muy buena.

Irse a dar clase a Sajá.

Sajá es la última parte de Siberia. Algo así como el fin del mundo. En invierno hay -40º y en verano +40º. Lo peor de lo peor. Pero el gobierno soviético tenía la responsabilidad de enviar allí a funcionarios para todo: maestros, médicos, policías…Así que a los funcionarios jóvenes y válidos les ofrecía ir. A cambio, además de un buen sueldo les ofrecía un incentivo: cada año trabajado allí te contaba cómo año y medio cotizado. A efectos de jubilación y de muchas otras cosas en la Unión Soviética, pasar allí unos años te garantizaba bienestar en el futuro…

Así que los padres de Dimitri hicieron cuentas y decidieron irse. Dimitri pasó allí desde los 8 a los 18 años. Cuenta historias de aquella época y alucinas. El avión de suministros llegaba por última vez en Octubre, hasta Mayo no volvía a haber comunicación con el resto del mundo…Las casas se dejaban abiertas, para ir de una parte de la ciudad a otra, cada diez minutos o así, con el aire a -30º tenías que meterte en la primera casa que hubiera…

Y en verano, cuenta, “mosquitos como gorriones”, bandadas que caían sobre un cordero en el campo y podían matarlo en segundos. Humedad y tierra pantanosa. Sólo habitada por mineros y funcionarios.

Los padres de Dimitri habían contado con volverse a Kiev, jubilarse mientras su hijo estaba en la universidad... Y así lo hicieron. A los 18 años de Dimitri se volvieron a Kiev.

Con la mala suerte de que ese año se desmoronó la Unión Soviética.

Cuando fueron a presentar sus papeles al ministerio de educación ucraniano, les comentaron que no es que no les reconocieran el año y medio por año, no. Es que los 10 años trabajados en Sajá no eran en Ucrania, así que no contaban, y si querían jubilarse…les faltaban unos pocos, no tan pocos, años de trabajo.

Los padres de Dimitri se pusieron a trabajar. Dimitri empezó ingeniería. Pero para poder pagarse la carrera (porque a sus padres les destinaron/castigaron a un pueblo de mala muerte, y la universidad estaba en Kiev), se puso a trabajar de taxista.

El negocio del taxi, en la Kiev recién liberada de la opresión comunista, estaba en manos de la mafia ultranacionalista (cuyos jefes, por cierto, eran los mismos que antes eran jefes comunistas). Dimitri empezó como un trabajador normal. Pero era listo y con estudios. Y empezó a ascender. El problema es que en el mundo del taxi no hay muchos ascensos, pero en el de la mafia sí.

Dimitri, que por entonces tenía a su novia estudiando económicas, se sentó y calculo con ella. Quedarse, y vivir en Ucrania y en la mafia o irse. Y a ver que salía. El plan para irse no era fácil. Su novia tenía una prima en España. Así que salieron en las siguientes navidades para ir a ver a la novia de su prima en Madrid. Eso es lo que dijeron a todo el mundo y lo que iban a hacer.

Con la salvedad de que al acabar la visita a la prima no pensaban volver.

Pasaron todas las fronteras y aduanas sin mucha dificultad, poco equipaje, poco dinero, billete de vuelta, datos de la prima… Todo fue muy bien hasta la estación de tren. Cuando llegaron a la estación de tren de una ciudad española, estaba cerrada. Y el tren a Madrid no salía hasta las 6 de la mañana. Se dispusieron a pasar la noche esperando en la puerta. No hacía mucho frío, y ellos no hablaban español ni se fiaban de ir a un hotel o coger un taxi. Mejor esperar en la puerta de la estación. Charlando y haciendo planes de futuro.

A eso de las dos de la mañana llego un coche muy grande y muy negro. Se bajó un hombre que se dirigió a ellos. Antes de que llegara Dimitri ya sintió un escalofrío. Se acercó y les habló en ucraniano.

Les dijo que eso de entrar en España no era así, que tenían que pagarles a ellos, 1000€ por ella, 500€ por él. Que no se entraba así desde Ucrania, que ellos mandaban en Ucrania y en los ucranianos. Estuvieran donde estuvieran.

Dimitri tragó saliva. Y les plantó cara. Se apartó de su novia, llevando con él al visitante y le habló muy claro. Le dijo que venían de Ucrania para evitar cosas así. Y que no tenían dinero, que si lo tuvieran tampoco iba a pagar. Porque no se había venido al fin del mundo para vivir con el mismo miedo y el mismo chantaje.

El visitante asimiló la información y los miró. Luego se alejo diciendo algo de que no llegarían a ver amanecer. Que pasaría con unos amigos en un rato a ver si se lo habían pensado mejor y que se podían estudiar formas de pago…

Pero, a veces, en este mundo endemoniado, las cosas salen bien y ganan los buenos. El vigilante de la estación abrió la misma y llamó a Dimitri. Les hizo pasar dentro. Una vez allí les informó que estaba colaborando con la policía para detener a los mafiosos ucranianos que extorsionaban a los compatriotas recién llegados. Que si colaboraban tendrían protección.

Dimitri llegó a un acuerdo con la policía, que en unas horas detuvo a los extorsionadores cuando volvían a visitarle. A cambio de su declaración, le ofrecieron permiso de residencia y trabajo en alguna ciudad española tranquila, sin muchos ucranianos…

Hace años que Dimitri vive en Vetusta. Su mujer dirige una sucursal bancaria y él es ingeniero de una empresa de montajes industriales. Tienen una hija, un piso, un coche. Tienen una vida normal y feliz.

Y la gente pasa por su lado y no se puede imaginar su odisea.

Y yo me alegré de que fuéramos un país de acogida cuando me contó su historia. Porque hay gente que se merece una oportunidad.