lunes, 15 de julio de 2019

Una pequeña reflexión sobre mi economía doméstica

En los últimos seis meses el primer semestre del año, me han intentado timar por valor de 160€. Ese dinero es el que me he dado cuenta que me cobraban de más y he conseguido que me devolvieran. Ojo, estoy hablando de compañías grandes de suministros básicos: teléfono, seguros...no de que me hayan timado en un bar o en un taller. Empresas de las que soy cliente y con las que tengo contrato. Todo eso contando que no soy autónomo ni empresario. Soy un asalariado con los suministros típicos, nada en lo que sea fácilmente engañable.
Simplemente he recuperado 160€ revisando facturas y reclamando.
Eso quiere decir que fácilmente me han timado otros tantos euros. O sea, que habrá facturas que no haya revisado suficiente o que no he mirado, porque tampoco someto todo a un escrutinio brutal, simplemente reviso lo que me parece excesivo...
Todo esto me provoca asombro. ¿Realmente esas compañías, todas ellas de tamaño multinacional, basan su éxito en timar a sus clientes?. Me asombra que consideren más importante timarme 20€ que tener a un cliente satisfecho. ¿Les compensa cabrear a un consumidor y que este abra la puerta a otros proveedores por los míseros 20€ que me quieren timar?
Esta situación me ha recordado una similar, con intentos descarados de timo, que vivimos hace unos años, en el 2008, al inicio de la crisis. Ahí lo dejo.

martes, 2 de julio de 2019

Noche de dolor


 

Son las tres de la mañana y me despierta un pinchazo de dolor. Sólo un pinchazo. Pero fuerte como para despertarme y dejarme en la cama jadeando. Mal día para ponerme malo. A las seis de la mañana tengo que llevar a mi hija al autobús para un viaje.
Me levanto, poco a poco el dolor se empieza a hacer continuo, aun suave, pero continuo. Me ducho para ver si así se calma lo suficiente para aguantar un par de horas y poder llevar a mi hija sin despertar a La Parienta. Esta semana ya tuvo su ración de acompañarme…
Noto como el dolor va creciendo, no voy a aguantar. Despierto a mi hija, le digo que me voy a urgencias, que a la hora de marcharse avise a su madre para que la lleve. Y sobre todo; que me llame al levantarse, para que yo sepa que me ha entendido en el diálogo zombi en mitad de su sueño.
Cojo el coche y me voy a urgencias, calculando cuando llegará el zambombazo fuerte de dolor. Me salto un par de semáforos por si acaso, aparco pronto y entro en urgencias. Aún no cojeo.
Me dan entrada y alta en observación. Viene la médica “¿Del uno al diez cuanto te duele?” “seis, subiendo a siete”. Llega Nacho, el enfermero. “Nacho, dame drogas”. Me ponen una vía y me entra la primera dosis…para el dolor, pero no del todo, pasa un rato y vuelve Nacho “¿Qué tal?” “mejor, pero no ha desparecido”
Aguanto un poco mientras va volviendo a subir el dolor, estoy tentado de pulsar el botón rojo, justo cuando voy a hacerlo llega Nacho, ve mi cara y me pone otro chute en el gotero.
Llega el mensaje de mi hija (en el Hospital, en urgencias, no hay cobertura, pero si Wifi, nos comunicamos por mensajes) “papá me acuerdo de todo, ahora llamaré a mamá, que te mejores”. Bien.
Aprovecho para mandar un mail al curro. Estoy fuera de juego, ya os diré algo.
Llega un mensaje de mi mujer echándome la bronca, por no haberla avisado, pero al final alguien tenía que llevar a mi hija.
Vuelve la médica, los análisis están bien. A las ocho de la mañana me llevaran a rayos. “¿Cómo vas?” “mal, las drogas no están trabajando”, tuerce el gesto.
Llega La Parienta a eso de las seis y media, me ve con mala cara, se preocupa. Tranquila, vete a currar, vuelve a mediodía si eso….No está muy convencida, pero sabe que puede ser largo y es su último día antes de una semana de vacaciones. La convenzo y se va.
Me doy cuenta de que el dolor es insoportable. Pulso el botón rojo.
Nacho me mira. Llama a la médica. “Ya vale, dice, te vamos a poner una bomba analgésica. Eso calma cualquier dolor, no puedes estar así…otra vez además…la mala noticia es que hay que esperar. Tienes que aguantar tres horas para poder ponerte la bomba, aguanta…”
Tres horas.
Tengo una espina clavada en la ingle, que avanza hacia la piel alrededor del ombligo pero que nunca llega, nunca rompe y nunca sale. Avanza sin fin, un mordisco en las entrañas, cada vez más fuerte. Ahogo con mi brazo los gritos, no puedo estar tumbado ni de pie. Intento andar, pero me cuesta un mundo mover la pierna izquierda, me apoyo en los pies de la cama con los antebrazos, el cuerpo doblado en ángulo recto, e intento controlar las respiraciones. Jadeo, me ruedan lágrimas por las mejillas.
No quiero mirar el reloj, no quiero salir de mi compartimento. Intento no pensar, vaciar la mente. No soy capaz de respirar normal, el dolor centra todo mi cuerpo. Mi centro de gravedad está entre la ingle y el ombligo. Estoy sólo. No oigo. No pienso. No quiero que venga nadie, no quiero que me vean así. Miro al frente, al cabecero de la cama en la penumbra de la noche en la sala de observación de las urgencias del hospital. El mordisco en las entrañas se recrudece y me sale un gemido.
Viene Nacho “¿eres capaz de ir andando?” niego con la cabeza. Me lleva en la silla de ruedas, me hacen dos placas. Luego vamos al TAC. Tumbado, recto con las piernas dobladas, una pasada por el láser. Nacho vuelve a aparecer a mi lado. “Te voy a meter el contraste por vena, ron de Cartagena, acuérdate…”. La oleada de calor me invade, baja a los genitales y sube al cuello, me deja un sabor metálico en la boca… El mordisco en las entrañas es insoportable “Nacho déjame levantarme un momento por favor” digo con voz temblorosa…” imposible, llevas el contraste, aguanta, sólo diez minutos”
El dolor esta a punto de traspasar la piel. No quiero llorar, no quiero gritar…pero de repente sale una catarata de lágrimas y del pecho me sale un gemido o aullido, en un tono que ni yo me reconozco.
Me sacan del TAC, una vez acabado, hecho una magdalena, vuelvo llorando a mi cama de urgencias. La médica mira el informe. “Te quedas ingresado, bomba analgésica, pasadlo a planta”. Me mira con su mirada dulce e inquisitiva “hazte cuenta que te quedas todo el fin de semana, a ver qué pasa”
Con la mano temblorosa pongo un mensaje a La Parienta. Luego dejo caer la cabeza sobre el brazo y me abandono al dolor, ya no puedo resistirlo y me dejo llevar en la cama, del box a la habitación, sin sentir nada más que dolor, sin pudor por llorar, sin pensar. Mi humanidad entera, enorme, se ha reducido a diez centímetros que van de la ingle al ombligo. Diez centímetros de colmillo de lobo, diez centímetros de hierro incandescente, diez centímetros de ácido.
De repente empiezo a recuperar la respiración, veo a Nacho manipulando goteros, ya no tengo uno, ahora son dos. “Ya estás drogado, ahora bajara el dolor” . Empieza a moverse todo, “¿Te mareas?” intento afirmar, pero no controlo bien la cabeza, Nacho asiente y me pone una inyección. “Es normal, con el chute que te he puesto es normal”. Poco a poco la habitación la cama y yo empezamos a flotar, todo se vuelve blando como los relojes de Dali. El dolor se ha diluido, ya no siento nada ahí abajo, o ahí arriba…donde sea…no sé dónde me dolía… 

Hace un par de semanas tuve una piedra en el riñón, que se expulso en dos sesiones, no en una…fue una semana muy larga…

miércoles, 26 de junio de 2019

Ejemplares a extinguir: el tonto del slow driving


Yo no sé quien es el tonto del haba que inventó la estupidez esta, pero ha llenado las carreteras españolas de un espécimen digno de extinguir. Deberían darnos permiso para liquidarlos ahora que son pocos. Me refiero a el tonto del slow driving.
Algún gilipollas influido por un coach o por la Kondo esa, decidió que el slow driving era molón. Y ha colado. El slow driving consiste en que eres un vago de mierda y entonces en vez de andar por el monte, vas por carreteras molonas, en tu SUV sobredimensionado, con todo su aire acondicionado y su electrónica, pero despacito para que parezca que eres un tío supermotivado por la naturaleza y el paisaje.
En realidad, el que hace slow driving es un vago de mierda, si la carretera es chula, bajate del coche y anda un poco, cabrón, que así bajas la grasa esa que te rebosa. Pero no, el del slow driving va en el coche, para ir con aire acondicionado y no “sufrir” picaduras, ni olores ni el roce del viento….ni la naturaleza. Quiere seguir en su puta burbuja electrónica, pero pareciendo moderno.
Y claro, resulta que el tonto del slow driving va por su carretera presuntamente molona a 2 por hora en su SUV de 200 CV, pero por esa misma carretera va la gente (poca) que vive por allí. Y la gente (poca también) que tiene que ir por ahí por trabajo. Y los que viven allí o los que tienen que ir por trabajo, tienen derecho a que su carretera se use de modo “normal” y no para hacer slow driving.
Y ahí tienes, al tonto del slow driving, a 2 por hora y sin apartarse. Y frenando sorpresivamente parra ver un arbusto o un pájaro. Y detrás un repartidor de congelados en furgón de 3,5 Tm cagándose en la puta madre del de delante que no se aparta. Y detrás yo, que voy de una granja a otra, rezando para que el puto SUV explote o se despeñe.
Pero el tonto del slow driving no entiende que lo que para él es excepción, para otros es rutina, y que su manía de ir por ahí a 2 por hora molesta tanto como cuando meten los tractores en la diagonal.
Por si fuera poco, el tonto del slow driving llega a comer en el único garito que se puede comer en muchos kilómetros a la redonda. Una fonda donde dan comida para unas 20 personas al día sobreviviendo hasta la temporada de verano, donde hacen agosto.
El tonto del slow driving empieza pidiendo la carta en la fonda que prepara menú de 10€ para currantes que buscamos comer algo rápido y que no nos mate para seguir currando. Cuando pide la carta, el encargado duda entre mandarle la última carta que le mandó hacienda o la del abogado que le lleva el divorcio de su mujer, al final suspira y le dicen que no hay carta, que el menú es ensalada, pasta o garbanzos y de segundo pollo, filete o trucha.
Pregunta nuestro ejemplar en estudio, que además de hacer slow driving es foodie,  si la ensalada puede ser de tomate rosa y queso de cabra y con AOVE (“aceite virgen extra, si no lo entiende”). El encargado le dice que el menú es ensalada mixta, garbanzos o pasta. Y que la trucha en realidad es panga frita en aceite de palma, el filete suela de los zapatos del último gilipollas que pidió AOVE, y el pollo no es de corral, es de una granja de Chernobil. Así que váyase a tocar los cojones a su padre, si lo conoce y déjeme en paz por favor. O en el peor de los casos, quédese aquí pero no diga tonterías.
Sonrien el tonto del slow driving y piensa en cómo podrá contar su contacto con el mundo rural mientras hacía slow driving…
Y yo rezo porque nos dejen ponernos lanzamisiles en los faros del coche, porque estos ejemplares o los matas al principio o se hacen plaga…

miércoles, 19 de junio de 2019

El abuelo cebolleta y el estrecho de Ormuz - y 2ª parte


Total que el avión aterriza en la isla de Kish, golfo pérsico, entrada del estrecho de Ormúz o salida para los que van al canal de Suez. Myriam me había dicho que me irían a buscar del hotel con nombre de la madre de Jesús. Salimos del aeropuerto (un aeropuerto pequeño, muy pequeño, sin bar ni nada similar) y el resto de pasaje se lanzó sobre los taxis y salieron a toda pastilla. Allí me quede yo, a las 11 de la noche en la calle, sin nadie que mirase por mi.
Al poco llego un coche, cogí la maleta azul dispuesto a que me llevara. Se bajo un tío, cerró las puertas del aeropuerto, puso una cadena con candado, me miró con curiosidad y se fue.
Allí me quede. Sólo con la maleta azul y pinta de gilipollas.
Se acercaron un par de taxis o tres, me preguntaban en farsi y yo balbuceaba en su idioma algo así como “Maria, madre de Jesús” , debió de correrse la voz de que había un gilipollas fundamentalista católico en el aeropuerto, dejaron de venir taxis.
Se me ocurrió llamar a Myriam, la secretaria que me había sacado el billete y de la que tenía el móvil porque en todo el medio oriente les encanta estar conectados en redes sociales con occidentales. Myriam resolvió todo y en 10 minutos, el coche del hotel Maria pasó a buscarme. Me fui a dormir.
A la mañana siguiente, como no tenía nada que hacer hasta media tarde me fui a dar una vuelta con un mapa de la isla que me dieron en el hotel. La isla tenía consideración de puerto franco. Allí no imperaba el bloqueo de EEUU ni las normas del resto de Irán. Así que había todas las tiendas de marcas prohibidas. Por si fuera poco, los ricos iraníes se compran casas en Kish para poder tener coches guays, y por la calle hay Mustang, Hummer, Porsche, Ferrari… es una imagen surrealista, coches de lujo en una isla que lleva una hora andando recorrerla de un extremo a otro…
Me fui a la playa de hombres (están segregadas por sexos) porque hacía buen día. Al llegar me empezó a dar pereza, era una de esas playas enormes, donde después de andar un buen rato te sigue cubriendo por la rodilla. Valoraba si bañarme o no cuando salió del agua un iraní. A los iraníes les encanta hablar con los extranjeros, tienen un sentimiento de incomprensión muy acentuado. Así que enseguida se puso a charlar conmigo, quien era, de donde venía…al rato me pregunto si iba a bañarme. Le dije que lo estaba pensando y me suelta “báñate tranquilo, hoy no he visto ningún tiburón…” . Se me quitaron las pocas ganas que me quedaban. Le pregunte por su moto, una BMW muy chula que tenía allí aparcada. Estuvimos hablando de motos un rato y me dijo “oye voy a hacer ejercicio un par de horas aquí en la playa, ¿porque no te llevas mi moto y te das una vuelta a la isla?”.
La tentación era grande, pero me preocupaba el tema legal y se lo dije, no tenía claro de que pasaba si me pillaban conduciendo una moto en Irán, por tema de seguros y tal, si pasaba algo… “no te preocupes, el jefe de policía de Kish es mi amigo, ahora le llamo”. Llamó a su amigo y a los diez minutos estaba montado en una BMW FS 850 en la que me hice toda la vuelta a la isla de Kish.
Llegué así a las 5 de la tarde y me reuní con los iraníes, tomamos té (de los mejores del mundo) y a eso de las once, cuando sólo faltaba decidir el importe del pago inicial por adelantado cortaron la reunión. “Vamos a cenar”. Me cagué en todo porque estaba justo al borde del éxito absoluto, pero estaba negociando con unos persas, así que a cenar.
Cenamos en un garito con música en directo, algo totalmente prohibido en el Irán continental, pero bailar seguía estando prohibido, aunque la gente movia las manos mientras estaba sentada con bastante ritmo, era como bailar en silla de ruedas…otra locura de la isla de Kish,
Cuando acabamos la cena me citaron al día siguiente a las 6 de la tarde, Yo estaba un poco harto para discutir, así que dije que vale que a las seis de la tarde.
Al día siguiente pasee un poco por la isla, por el centro, charle con un par de británicos muy mayores y muy británicos que andaban por allí no se muy bien por qué, no quisieron explicarme demasiado de su negocio.
Y como quien no quiere la cosa me acerqué al hotel donde sabia que estaban mis clientes. Pensaba que igual estaba alguien de la competencia haciéndome la envolvente, o que se habían juntado a discutir el proyecto sin mi…en resumen, pensé que sería bueno no esperar a las 6 de la tarde.
En recepción me dijeron que no estaban allí, que habían salido y no volverían hasta la noche.
Yo alucinaba. ¿Salido a dónde? ¿pero fuera de la isla? ¿han ido a un restaurante o a otro hotel?....en el hotel sonreían mucho pero no me daban explicaciones. Salí a la calle a fumarme un cigarrillo y pensar qué coño hacia allí y donde tenía que ir y cómo se me estaba descontrolando el tema. Detrás de mi se salió el de seguridad del hotel, que se puso a mi lado como por azar. Al poco preguntó:
-¿Usted es el español que ayer se recorrió la isla en moto?
-¿Cómo lo sabe?
-Estamos conectados con la policía, esto es una isla pequeña… le voy a explicar algo…
Y entonces me explicó como funcionaba la isla de Kish. Tu eres empresario iraní, y te mueves en mercados internacionales, pero tu divisa no vale una mierda. Así que te tienes que abrir una cuenta en Dubai. Pero Internet en Irán está censurado, y seguramente no puedes usar banca electrónica. Así que te vas a la isla de Kish. 10 vuelos diarios Teheran-isla de Kish. Una vez en la isla de Kish, tu no puedes salir del país para ir a llevarte el dinero a Dubai, sería traición y un delito muy feo. Pero puedes coger una barca en el puerto y salir a pasear. Si en el paseo se pone el mar bravo o amenaza tormenta, el capitán pone rumbo a la marina de Dubai. Y se acoge allí como puerto de abrigo. Y entonces dice, “hay amenaza de tormenta, vamos a estar en Dubai seis horas” y todos los ricos iraníes aprovechan para subirse en los coches que sus bancos han enviado a la marina de Dubai, la policía de emiratos vigila que no se baje nadie que no sea recogido por un banquero. Si te recoje un banquero no hay problema.
¿Me quiere decir que los empresaros con los que quiero hablar se han ido al banco a Dubai?
No, me contesta muy serio, te digo que se han ido a dar una vuelta en una lancha rápida, y como amenaza tormenta (había 38º, un sol de justicia, no se veía una nube en ninguna parte y el mar parecía un lago) se habrán refugiado en Dubai hasta que escampe. Los bancos cierran a las cinco, a esas horas suele despejarse el tiempo.
Si tu estás aquí, continuó, el negocio va muy bien, aquí sólo vienen extranjeros cuando hay que cerrar un trato. Ahora están en el banco y o están pagando o pidiendo la financiación, si te traen a la isla de Kish, el negocio va bien.
Aluciné.
Esa noche les dije que les invitaba yo a cenar, dijeron que estaba bien el acuerdo y que iban a pagar desde una empresa de Dubai, fuimos a cenar sobre una alfombra persa, al aire libre. Cenamos y fumamos sisha.
A la mañana siguiente, tenía un mensaje de la oficina, habían recibido el primer pago de los iraníes.
Me volví esa tarde, de uno de los viajes más surrealistas de mi vida.

lunes, 17 de junio de 2019

El abuelo cebolleta y el estrecho de Ormuz - 1ª parte


Soy un abuelo cebolleta. Tengo muchas historias para aburrir a la peña, puedo saltar en cualquier momento con “Ah, Tiritistán, cuando yo estuve en Tiritistán…”. Es guay.
Así que como está de moda el estrecho de Ormuz, os voy a contar cuando yo estuve en el estrecho de Ormuz. En la entrada del estrecho, donde pocos occidentales han estado…(esto queda bien, pero no es verdad)
El caso es que hace unos años, cuando yo hacía de Willy Fog por el mundo, estaba en Teheran, negociando con los iraníes. Iba bastante allí (2-3 veces al año) y estábamos empezando un negocio bastante majo. En un momento dado, el jueves (allí el día de finde es el viernes), me dicen “Seguimos el domingo, pero esto hay que seguirlo en la isla de Kish”.
Yo no tenía ni puta idea de que era la isla de Kish, de hecho pensé que era algún restaurante pero dije que de acuerdo. Sobre todo, porque los persas no razonan en tres dimensiones, razonan en 6 ó 7, nunca sabes a donde te va a llevar una conversación con un persa. Si algún día negociais con un persa, estad muy atentos todo el rato porque sus caminos son inescrutables. Y no pongáis esa cara, yo tampoco pensé nunca que iba a tener que negociar con un persa y luego lo hice muchísimo…
Total que salí del despacho del superjefe de la empresa iraní habiendo citado con él (y su equipo, siempre iban 3 contra 1) en la isla de Kish para el domingo…a las 5:30 de la tarde.
En todos los sitios donde voy, intento llevarme bien con todo el mundo, desde el jefe hasta el último mono. Es muy bueno. Así que fui a la chica de recepción que era guapísima y muy eficiente, Myriam se llamaba. “Hola Myriam, he quedado con tu jefe el domingo en la isla de Kish, ¿dónde está la isla de Kish?”
-En el estrecho de Ormuz, en el golfo..
-O sea ¿es una isla?¿de verdad hemos quedado en una isla?
Se descojono un poco de mi y me dijo que si, que era una isla y había que ir en avión…
“Mira Myriam, tengo un problema, aquí no funciona mi tarjeta de crédito occidental, voy con pasta en efectivo, ¿Cómo me saco un billete para la isla de Kish? ¿Y hotel? Yo no llevo pasta suficiente para esto…”
Me dijo que no me preocupara, que me sacaba un billete para ir el sábado a la isla de Kish y me reservaba un hotel, diferente al de sus jefes, para dos o tres días. Y que luego le pasaba la factura a mi empresa.
Me fui al hotel, a esperar tranquilamente al mensajero que me traería los billetes y la reserva y aproveché para enterarme de que era la isla de Kish. Resulta que el Sha de Persia había pretendido hacer un Mónaco del Pérsico hace un montón de años (lo mismo que han hecho con Dubai ahora) pero salió regular. Cuando triunfó Jomeini y la revolución, lo mantuvieron como puerto franco. Primera noticia que tenía.
Al poco llego el mensajero con los billetes y la reserva de hotel, y una nota de Myriam, “el hotel se llama Maria, como la madre del profeta Jesús, vuestro Dios”. Myriam sabía que me gustaba hablar de religión y se choteaba un poco…
El sábado, después del descanso del viernes, cogí un taxi al aeropuerto. El taxista me preguntó si volvía a mi país y le dije que no, que iba a la isla de Kish. Me pidió los billetes extrañado y dijo que entonces no iba al aeropuerto internacional sino al local. Yo ni idea. Iba charlando con el taxista (cualquier taxista de Irán habla un inglés de puta madre y tiene un nivel cultural altísimo) sobre Irán y su circunstancia, cuando el radiador del taxi reventó. Nos quedamos parados en medio de una de esas avenidas atascadas siempre de Teherán.
La escena era casi cómica, un taxi echando humo, con un taxista jurando en farsi y un europeo con cara de pringado y una maleta azul. Vino un policía en moto a intentar ordenar el tráfico. Le preguntó al taxista y se quedo fascinado con lo del occidental que iba a la isla de Kish. A todo esto yo empezaba a estar apurado por la salida de mi avión, así que le pregunté al taxista que como podía llegar al aeropuerto. El taxista, muy amable, después de cobrarme el viaje, paró a un coche cualquiera, le endilgó mi maleta y a mi y le soltó 40.000 rupias diciéndole a donde tenía que llevarme.
Así desembarque en un aeropuerto de vuelos nacionales que no conocía. Saque mi billete todo contento, vuelo tal a la isla de Kish y me puse a buscar el mostrador de facturación.
Todos los carteles estaban en Farsi
El farsi es el idioma oficial en Irán y común a todos los persas, tiene una escritura que no se parece a nada más que al propio farsi. Y allí estaba todo en farsi, los paneles, las pantallas…lo normal en un aeropuerto de vuelos internos de Irán.
Total que allí me quede con mi maleta azul y mi cara de gilipollas mirando signos raros y sin saber que hacer. Los únicos mostradores vacios eran los de los gusrdianes de la revolución.
Los guardianes de la revolución en tiempos de Jomeini eran jóvenes universitarios muy idealistas (son los que controlan el aeropuerto en Argo si la habéis visto), con la radicalización del régimen y el desapego de la población (actualmente solo un 15% de los iraníes son musulmanes practicantes, el resto pasa de las mezquitas y quiere que la sociedad sea sólo civil, no religiosa, pero eso es una historia muy larga…) ha dejado los puestos de guardianes de la revolución en manos de incultos fanáticos preocupados en exceso por la moral. Cuando me dirigí a ellos en inglés me echaron con toda clase de juramentos, avergonzados por no saber inglés.
Así que allí estaba yo con mi maleta azul, etcétera.
En ese momento, dio la casualidad que apareció uno de la competencia, libanés, que estaba también de vuelo interno. Hablaba inglés, árabe y entendía suficiente farsi para indicarme donde facturar y donde tenía que embarcar. Le invite a cenar en agradecimiento y me subí al avión, donde todos los carteles estaban en español porque IranAir compraba los aviones que Iberia se quitaba por viejos.

lunes, 10 de junio de 2019

Naúfrago en el desierto


Visito granjas de clientes y granjas casi nuestras. Cuando yo empecé en la producción animal, hace 25 años, visitar granjas era dar un paseo por las mismas charlando con el granjero. Ahora raramente pasas de la oficina. Visitas páginas y páginas de programas de gestión, buscas índices, datos, resultados… apenas ves animales alguna vez en la semana.
Charlamos en la oficina mientras tomamos café. Cuando yo empecé, hace 25 años, las oficinas de las granjas eran un cuartucho para cambiarte. Ahora hay auténticos despachos, vestuarios, cocina…hemos mejorado. Hay banda ancha y calefacción. Me quito el chambergo que llevo para el relente matutino y toma café mientras comentamos los números.
Suena una alarma en su móvil. Tiene que ir a regar. Me acompaña a la salida y cotilleamos de conocidos comunes del sector, nos despedimos y se va en su todoterreno con cierta prisa. El turno de regar es sagrado en la parte del desierto…
Me acerco a mi coche. Mi coche de empresa ultraelectrónico tiene todas las tonterías de última generación. Entre otras la llave inexistente, es una tarjeta que cuando te acercas al coche hace que este se abra y cuando te alejas lo cierra. Y arrancas sólo con un botón. Por eso es importante llevar la tarjeta siempre encima. Como yo. Que la llevo en el chambergo.
Chambergo que se ha quedado dentro de la oficina.
Hecho mano al bolsillo para llamar corriendo al ganadero y molestar lo menos posible. Mi móvil suele viajar en el coche en el faldón de la puerta del conductor.
Y ahí sigue, no lo he sacado porque no me gusta que me interrumpan en las visitas…Esta dentro de el coche. Que esta cerrado. En mitad de la nada.
Miro alrededor. Ni un alma. Empiezo a pensar como se puede meter la pata tanto sin hacer nada….hecho cuentas de que si en coche hay 20 minutos de caminos de tierra al pueblo más cercano, andando puede haber ¿tres horas? ¿sabría el camino?
Mierda, mierda, mierda…
Intento abrir las puertas del coche o las ventanillas, a ver si por un casual hay forma de entrar…Nada.
Afortunadamente no hace mucho calor.
No puedo llamar a nadie, no puedo entrar en el coche.
Valoro romper una ventanilla del coche. No se si es motivo suficiente, aparte del coñazo que será luego que me arreglen el cristal.
Otra opción es saltar la valla de la granja y saltar un fusible del cuadro eléctrico, la alarma avisaría al ganadero que vendría y me rescataría. El problema es que saltar la valla excede en un trozo mis facultades atléticas, con lo cual no descarto que me desnuque.
Pienso romper la ventana de la oficina, entrar y coger mi chambergo. Pero es hacerle una putada al granjero….¿cuánto puede tardar un cristalero en ir al fin del mundo a reponer una ventana?
Hora y media pensando opciones. De repente veo un tractor en un campo lejano, empiezo a dar voces y gesticular acercándome. A los cinco minutos, el tractorista para y se baja, evaluando mi estado mental mientras me acerco…
Le explico el problema, no tiene el móvil del granjero, pero conoce a un primo suyo…
A las dos horas y media de despedirnos, vuelve el granjero, descojonado de risa…
Yo creo que el día ya ha dado mucho de sí, me vuelvo a casa.

lunes, 3 de junio de 2019

Querida ex

En realidad no se tu nombre. Vamos que no eres un ex concreta. Eres una ex genérica. No sólo mis ex (que son pocas y concretas...) sino yo creo que todas las ex, por mi y por todos mis compañeros, como en el juego.
Así que si, esta carta va para todas vosotras, nuestras ex de la adolescencia. Aún no tenemos ex post vínculo (por ahora), me imagino que esas ex se recuerdan con más amargura y menos ternura.
Pero vosotras, nuestras ex de adolescencia, sois un recuerdo generalmente dulce.
Prefiero escribiros una carta que intentar veros. Porque las ex las carga el diablo. De hecho yo estoy casado con una ex novia mía...así que mejor nada de reencuentros.
Pero si me gustaría contaros alguna cosa, desde la perspectiva de los años.
Creo que es una putada biológica la madurez sexual que sigue apareciendo en nuestra especie a una edad muy temprana. Herencia directa de nuestros antepasados...que no tiene sentido en la civilización actual. No pasaría nada si el ser humano de finales del siglo XX y del XXI alcanzara su madurez sexual a los 20 años por ejemplo. Incluso sería bueno.
Pero no es así.
Y, sobre todo, nos afecta de muy distinta forma. La madurez mental, el conocimiento, en las mujeres se adelanta unos años al de los hombres. No se si es influencia hormonal, son procesos biológicos de complejidad diferente, o qué. Pero eramos diferentes.
Y os toco sufrirnos.
Estoy seguro de que no eramos malos. Simplemente inmaduros. Pero estoy seguro, que esa inmadurez os pudo hacer daño. Seguro que en algún momento os culpasteis de nuestro comportamiento extraño, seguro que en algún momento os hicisteis responsables de cualquier barrabasada nuestra.
Pero no teníais ninguna culpa.
La gran mayoría de las veces nos faltaba madurez, y en otras nos sobraba estupidez.
Igual esta es una carta llena de obviedades, y seguro que todas lo sabíais ya. Pero en este momento, cuando mi hijo empieza la vida universitaria y mi hija el bachillerato...soy realmente consciente de esa diferencia de edad y de madurez entre los y las adolescentes.
Seguro que ya lo sabíais, en cualquier caso perdonadnos.
Y mejor que no nos encontremos...