miércoles, 25 de mayo de 2011
Programa de ayuda al desarrollo
lunes, 16 de mayo de 2011
¿Por qué a las tías les mola "Memorias de África"?
jueves, 5 de mayo de 2011
Lo que las guias de viaje no cuentan: conducir en Rumania
Tenéis suerte excursionistas. En un alarde de generosidad por mi parte, voy a compartir con vosotros parte de la sabiduría que se acumula cuando te dedicas a ir de la zeca a La Meca por esos mundos de Dios. Hacerme caso en vuestras excursiones y seréis mucho más felices.
Así que has llegado a Rumania. Desoyendo los consejos de los que saben más que tú, que te han dicho que cogieras un coche con chofer, que al precio que salen te resulta rentable y has decidido alquilar un coche. Porque tu lo vales. Craso error, te has equivocado. Rumania sólo tiene una autopista y sin acabar. El resto es un complicado conjunto de carreteras que te voy a intentar aclarar para facilitarte tu viaje.
El carril izquierdo y su tamaño: En Rumania, el carril derecho es por el que vas tu. Ojo, eso es la teoría. En realidad el carril derecho, además de tu coche lo pueden ocupar: bicicletas, personas, carros con caballos, perros sueltos y cualquiera que intente esquivar un bache de su propio carril. Todo eso sin las mariconadas del chaleco reflectante o las luces, que aquí eso no se lleva. Estas avisado. Lo bueno de eso es que tu puedes invadir el otro carril, para esquivar todo eso…bajo tu responsabilidad.
Adelantamiento: Todo adelantamiento que realices en Rumania, se tomará como una afrenta personal al conductor que adelantes. E intentara vengarse adelantándote. Aunque lleve un tráiler de miles de toneladas.
Las obras y los baches: Un bache es un pequeño agujero en el firme. En otro país. Aquí el firme no es firme y un bache es un agujero en el que puede caber la rueda, la suspensión, el morro y el habitáculo de cualquier coche. Sus dimensiones son escalofriantes. Hacen obras para arreglarlos, si, recortan un trozo de asfalto dejando un hueco descomunal, y luego lo rellenan igualándolo. El problema es que entre hacer un hueco y rellenarlo, suelen pasar 7 u 8 meses…
Tamaño del carril: El carril de circulación varía de tamaño, desde medio coche hasta coche y medio. Si cabe medio coche y viene otro, no hay más salida que comerse el monte. Las de carril y medio son una especie de autovías con arcén grande, cuando vas a adelantar el otro se aparta. Si a la vez viene otro adelantando…pasar de cuatro en fondo es cuestión de ajustar los milímetros.
Cáculo de distancias: Igual haces la estupidez de decir: “400 kilómetros, o sea 4 horas y media”. Y una como una olla de aquí a Camboya. 400 kilómetros pueden ser 7 horitas tranquilamente. Con suerte incluso, carros, pueblos, vacas… todo eso se une para añadir variabilidad al tiempo.
Rutas turísticas: A lo mejor, querido excursionista, has pensado sobre el mapa algo así como: “mira, voy a cruzar los Cárpatos, cuatro horitas de viaje entre montes de los que tienen osos, con un Montecristo del cuatro y Dido cantando Graffton Street, que gran plan, a lo mejor hasta paro un poco a andar por el monte y veo un rastro de oso”. La has jodido. Pero bien. Acabaras con las manos aferradas al volante, los ojos fuera de las órbitas y el cd estampado en cualquier lado, con el puro en la oreja y deseando que un oso te hubiera sodomizado. Es el producto lógico de la carretera mala, el bosque espeso y la señalización inexistente.
Señalización horizontal: Este es un concepto complejo que recuerdas vagamente de la teórica del carnet de conducir. Pues mira, la señalización horizontal es la que hace que las carreteras estén pintadas con pintura fluorescente y tengan barras luminosas a los lados. Cuando eso no aparece por ningún lado, la carretera desaparece en cada curva. Si a eso le juntas pueblos sin iluminar…
Curva: El momento curva. Antes de conducir por Rumania, seguramente la expresión “curvas rumanas” tenía reminiscencias lúbricas. Después de conducir por aquí, al oírla sentirás un escalofrío y recordaras como una curva es un giro de más de un grado y menos de infinito, que te puede llevar a salir por cualquier lado, incluso dando varias vueltas seguidas. A oscuras, con carros, perros y borrachos, esquivando baches y con un tío picado porque le has adelantado a tres centímetros de tu trasera.
Con estos amables consejos ya os podéis lanzar a la aventura si es que estáis cansados de vivir.
Por cierto que nadie se imagine que me he alquilado un coche y he andado por estos sitios, yo soy un tío culto y avisado y jamás e me ocurriría semejante cosa. Y tengo las manos agarrotadas y los ojos salidos de las órbitas de tanto trabajar. He dicho.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Catálogo de sensaciones
Permitidme ahora un intermedio explicativo. Cuando yo era pequeño, cruzábamos España varias veces al año. Imaginad las carreteras de los 70 y los 80, y los coches de entonces. Bajabas hasta Ambasmestas y subías a Piedrafita para entrar en Galicia. La N-6 era un mundo. Horas de coches en carreteras infames, cruzar 13 veces el río Valcarce...un viaje de los de asustar. Luego el tema fue mejorando, con el tiempo. En mi familia los hermanos nos diferenciamos por el número de versiones de la N-6 que conocemos. Desde la original hasta la autovía actual. Hoy, y ya antes con el viaducto de Ruiteland, el viaje Astorga-La Coruña son tres horas. Cuando yo era pequeño salíamos por la mañana y llegábamos a comer.
La primera vez que lleve a La Parienta a Galicia, después de prepararla reiteradamente para el viaje, resultó que estaba la autovía. Ella que esperaba colas de camiones y curvas sin fin, se encontró un paseo militar.
Cierro el paréntesis explicativo.
Y me he dado cuenta, he descubierto, que viajar, aunque no me deje ver nada, si que me aporta. Me da sensaciones. Recuerdo momentos e imágenes. Y he estado en Grecia y no he visto nada, pero si puedo recordar la sensación de decadencia y resignación. Puedo transmitir perfectamente la admiración por alguien de México y el compartir rancho con los trabajadores que están un punto nada más por encima de la pobreza. Tengo muy grabada la inquietud y el notar que te miran con recelo y cierta antipatía en algún pías árabe donde eres un infiel.
Y poco a poco esas sensaciones, te van dando una visión, una imagen de los sitios. Y vas creándote un mapa de sentires. Por la noche, cuando salgo a veces a mirar las estrellas, para ver las misas que veo en Galicia y no sentirme tan lejos, voy recordando vivencias y percepciones y quizá le encuentro algún punto de interés a esto de viajar.
Y así no me duele tanto mi hija llorado mientras me dice "papá, ¿por qué no te desapuntas de este trabajo?", y lo intento asimilar como otra sensación para poder contársela algún día.
miércoles, 27 de abril de 2011
Una parada y un cigarrito
domingo, 24 de abril de 2011
Historias de mi puta mili
La mili era sobretodo un campo sembrado de burócratas y cumplidores del estricto sentido de la ley, con una cerrazón no equiparable a nada más que ellos mismos. Así que no te podías permitir el mínimo descuido, había que estar siempre alerta con las Reales Ordenanzas en la cabeza para que no te metieran un paquete.
Y era un atardecer que nuestro héroe se encontraba de plantón en la explanada de carros. Consistía esta simpática ocupación en vigilar a pecho descubierto la entrada desde la nada hacía un aparcamiento con unos 50 tanques. A 2 Km del centinela más cercano. Se vigilaba a pecho descubierto, armado con la navaja. Había habido varios suicidios en ese puesto, en el que las noches daban para pensar demasiado, y el mando había adoptado la lógica militar. Las guardias en ese puesto se hacían sin armas. Y nunca se suicidó nadie más.
En mitad de la guardia se acercó un coche. El ocupante era el teniente V. Las ordenanzas mandaban parar al coche, pedir la documentación al ocupante y tomar nota de la hora de entrada. Normalmente no lo hacías, saludabas al tío si le conocías y punto. Pero este era un teniente del tipo cabrón, de los que igual te metían un puro por no cumplir la norma. Así que nuestro héroe le dio el alto. El teniente tenía prisa y no frenó, así que nuestro héroe se aparto de la trayectoria del coche con la mala suerte de caer al suelo. Se levanto, se sacudió el uniforme y saco el libro que tenía escondido (estaba prohibido leer en las guardias) y siguió con su ocupación. Leer “Peñas arriba”.
Al acabar la guardia el otro centinela me comentó (por si no os habíais dado cuenta el héroe era yo) que había tomado la matricula del coche, por si acaso era una prueba. Pensamos que a lo mejor era una prueba para ver si cumplíamos (eran tan esquizofrénicos que después de no parar te podían meter un puro por no denunciarlos). Así que al ir al relevo di parte de lo sucedido.
El oficial de guardia resulto ser un compañero del teniente V, pero un compañero de los que a mitad de carrera los dejan para escala media. O sea que sólo van a llegar a comandantes, no a coroneles. Hay cierto pique entre las dos escalas…Y este era el alférez J. Un tío que había estudiado con el teniente V y a mitad le habían dicho que con sus notas no daba para la superior…ambientazo. El tío me llevó al botiquín donde un compi suyo (el teniente V tenía enemigos en todas partes) hizo un parte con las “lesiones” que mi caída me había producido. Me hicieron firmar la declaración del suceso y listo. Bueno, pensé, no es tan grave…
Al cabo de dos días, se acerco el teniente V a verme…”Hombre Gonzalo que tal.” Y así. Malo pensé…Total que el tío después de varios formalismos y de disculparse “porque tu y yo nos conocíamos y por eso no paré” me pide que cambie mi declaración. La disyuntiva era complicada. O mantenía mi declaración y me enfrentaba al teniente, o la cambiaba y jodía al alférez. Opte por mantenerla, con la verdad por delante el camino parecía más fácil. “Allá tu, dijo el teniente, te quedan cinco meses aquí y yo tengo muchos amigos”.
Pase quince días acojonado y luego ya me relaje. Pero cuando había pasado mes y medio del incidente, me vino a buscar mi comandante (al que no conocía). Me hizo acompañarle y llegamos al despacho del coronel. Allí estaban el teniente coronel que mandaba sobre el teniente V, el alférez J, el teniente V (de paisano) y yo. El coronel con bastante mala leche acumulada leyó todas las declaraciones y nos preguntó si eran ciertas. Luego dijo con un cabreo infinito y mirándome a mi: “teniente V, se le castiga a cinco meses de suspensión de empleo y sueldo y seis meses más de suspensión de mando en tropa”.
Hicimos los saludos pertinentes y salimos de allí. Yo bajaba las escaleras delante. Detrás de mi V (que ya no era teniente, ahora era civil) y detrás el alférez J. Al salir del edificio, en el centro del cuartel, V se dirigió a mí:
-Estarás contento
-No tengo nada que reprocharme- conteste- sólo he cumplido mi deber.
A continuación me volví al alférez J e inicie el complicado proceso de despedirme a lo militar:
-A la orden de usted mi alférez ¿ordena usted alguna cosa más?
-Nada soldado puedes retirarte.
-A la orden mi alférez- saludo militar y taconazo.
Y entonces, no me pude aguantar. Me volví al teniente V, ahora civil y sonriendo le solté algo, silabeando muy despacio, que le dolió en los oídos:
-Hasta luego Pedro V.- Lo había llamado por su nombre y de tú, porque ya no era militar. Algo superior a sus fuerzas.
El bofetón que me soltó me cruzo la cara y me hizo volverla. El alférez J, que andaba al quite se interpuso entre los dos.
-Si quieres denunciarlo, soy testigo.
No lo denuncié. Sabía que sólo era una provocación, que me había pegado para ver si se la devolvía, en cuyo caso, por esos extraños recovecos de la legislación militar, yo habría sido un militar pegando a un civil en un recinto militar. Chungo.
Me despedí y me fui.
Es sólo una de las múltiples historias absurdas que nos ocurrían a los que hacíamos la mili. Si la cuento es sólo porque muestra el absurdo en el que se vivía. Al acabar la mili me leí "Ardor guerrero" de Muñoz Molina, sin duda uno de los libros que mejor narra como era aquello. Me impactó tanto que le escribí, leyó mi carta y me contesto.
martes, 19 de abril de 2011
Somos o no somos
En las conversaciones que voy teniendo con la gente por el mundo adelante, hay varios temas que son recurrentes. Más aún cuando te toca hablar con gente con la que no tienes confianza. Hablar de los usos y costumbres los diferentes países es un tópico que facilita romper el hielo en las relaciones internacionales.
Cuando me toca hablar de España, de nuestras costumbres, siempre me encuentro en el mismo punto de no saber que decir. Es cuando te preguntan “porque en España sois católicos ¿no?”. Pues no se, a ver como te lo explico.
Porque si que es verdad que aquí tu preguntas a la gente en la calle y todo el mundo o casi todo el mundo se confiesa católico. Y sin ponerse colorado ni nada. Pero luego aquí no hay ni un solo católico. O muy pocos vamos.
Son católicos, o dicen serlo, toda esa cuadrilla de súper devotos de la Virgen de no se dónde, o cofrades de la Cofradía de tal o de la Hermandad de lo que sea. Y van a la romería o a la procesión o a hacer el Belén viviente y lloran y se emocionan y se les ponen los pelos de punta y gritan de emoción.
Pero luego no pisan la Iglesia en todo el año. Pero dicen que son católicos.
Y además, si me apuras, tienen trabajando a tres tíos sin contrato, uno de ellos inmigrante sin papeles. Y aprovechando el tema, les hacen echar alguna horita más de las 40 semanales. Y les pagan en B. Pero dicen que son católicos.
Comen carne sin problema en los viernes de cuaresma, y dicen que no son ateos ni agnósticos. No. Son católicos, aunque no pisan una iglesia, ni se confiesan nunca ni comulgan siquiera en Pascua de Resurrección. Que además tampoco saben que es preceptivo.
Son muy devotos de la Virgen, la Romería y la Hermandad, y cuando llega su fiesta pasan a comulgar anegados en lágrimas, del brazo de su mujer que también comulga y lleva puesto un DIU.
Y es que hay una distorsión tan grande entre la Iglesia y la sociedad, que estamos al borde de rozar el ridículo. Una Iglesia que en vez de poner orden y aclarar cosas se ocupa cada vez más de los actos meramente formales. Faustos y ceremonias que es lo que viste. Una Iglesia que bautiza a toda leche los niños que pasado mañana tienen que hacer la primera comunión, sin querer darse cuenta de que si los padres no han querido bautizarlos, pues seguramente es mejor que tampoco hagan la comunión, porque parece que no les importa mucho.
Unos niños que hoy hacen la primera comunión, la segunda el día de su confirmación (si la hubiere) y la tercera el día de su boda. Pero eso si, si les preguntan dirán que son católicos. Y el cura les administrará el sacramento correspondiente sin sonrojarse ni saber por qué la sociedad cada día está más lejos de ellos. O sabiéndolo pero sin que le importe.
Total que así nos va. Que a la peña le da vergüenza decir que no es católica, que la Iglesia participa de lo que le van dejando y así la religión en España se transforma en una realidad absurda.
Y es jodido explicar eso.