Mi familia tiene rasgos de clan. Mi familia en algunos casos es completa y absolutamente tribal. Nos juntamos y estamos perfectamente jerarquizados. Cada uno sabe quien va delante y quien va detrás. En edad, dignidad y gobierno que decía el Catecismo.
Eso tiene muchas ventajas, no las voy a detallar ahora, pero sobretodo favorece la interacción con los primos.
Los primos son gente con la que tienes una relación especial. No son tus hermanos, con ellos no te peleas con tanta frecuencia, pero son más que los simples amigos. Porque saben mucho de ti. Con mis primos yo he tenido siempre una relación especial. Las conversaciones con mis primos no estaban tan mediatizadas como con mis hermanos. Para mis hermanos yo era el pequeño pero con mis primos estaba por en medio. Y además ellos no estaban hartos de escucharme…me daban cancha porque me tenían mejor considerado.
Las conversaciones con mis primos eran inacabables, hablábamos de todo: de sexo, de religión, de ligues de amigos, de novios…aprendí más de “asuntos de mujeres” escuchando a mis primas que conviviendo con mis hermanas. No veía mucho a mis primos pero en cuanto los veía ya estábamos ahí. Como si no hubieran pasado seis meses.
Las conversaciones con mis primos, a veces, me permitían oír a mis hermanos cosas que a mí sólo no me hubieran dicho. Pero en la conversación de todos, me dejaban oírlas. También me permitieron dar consejos a otros más pequeños. Nos enriquecimos hablando de música, de libros…Soportamos las adolescencias estúpidas de unos y otros. Las épocas de hippy, la época de fumar de todo…
Lo bueno, además, es que con el tiempo no ha cambiado. Nos hemos casado, hemos tenido hijos… y ha seguido la misma conexión entre nosotros.
Mis primos han sido una parte fundamental en mi educación.
Hoy mis hijos no tienen primos. Casi no tienen primos y casi no conviven con ellos. Entre que a mis hermanos les ha dado por la soltería, las familias son más pequeñas y que nos hemos dispersado geográficamente…
Y a mí me dan pena. Les va a faltar algo.
Eso tiene muchas ventajas, no las voy a detallar ahora, pero sobretodo favorece la interacción con los primos.
Los primos son gente con la que tienes una relación especial. No son tus hermanos, con ellos no te peleas con tanta frecuencia, pero son más que los simples amigos. Porque saben mucho de ti. Con mis primos yo he tenido siempre una relación especial. Las conversaciones con mis primos no estaban tan mediatizadas como con mis hermanos. Para mis hermanos yo era el pequeño pero con mis primos estaba por en medio. Y además ellos no estaban hartos de escucharme…me daban cancha porque me tenían mejor considerado.
Las conversaciones con mis primos eran inacabables, hablábamos de todo: de sexo, de religión, de ligues de amigos, de novios…aprendí más de “asuntos de mujeres” escuchando a mis primas que conviviendo con mis hermanas. No veía mucho a mis primos pero en cuanto los veía ya estábamos ahí. Como si no hubieran pasado seis meses.
Las conversaciones con mis primos, a veces, me permitían oír a mis hermanos cosas que a mí sólo no me hubieran dicho. Pero en la conversación de todos, me dejaban oírlas. También me permitieron dar consejos a otros más pequeños. Nos enriquecimos hablando de música, de libros…Soportamos las adolescencias estúpidas de unos y otros. Las épocas de hippy, la época de fumar de todo…
Lo bueno, además, es que con el tiempo no ha cambiado. Nos hemos casado, hemos tenido hijos… y ha seguido la misma conexión entre nosotros.
Mis primos han sido una parte fundamental en mi educación.
Hoy mis hijos no tienen primos. Casi no tienen primos y casi no conviven con ellos. Entre que a mis hermanos les ha dado por la soltería, las familias son más pequeñas y que nos hemos dispersado geográficamente…
Y a mí me dan pena. Les va a faltar algo.