lunes, 9 de noviembre de 2009

Congresos, ferias y otras zarandajas

Hace aproximadamente 20 años, las ferias eran un lugar donde la gente exponía sus productos y los posibles clientes paseaban y caminaban. A veces incluso compraban algo.
Los congresos eran una cosa más seria. Científica. Hablaba gente que sabía del tema o que era interesante. A veces había algún tipo de presentación comercial.
En uno y otro eventos había algún puesto de los “charlatanes” tradicionales. Tíos que a base de labia vendían peines, cuchillas de afeitar, esculturas o una mierda pinchada en un palo.
Hoy, con el tiempo, los charlatanes han colapsado las ferias y los congresos. Cualquier “evento” (que dicen los de marketing), está tomado por los charlatanes. Cualquier empresa encuentra a un científico, asesor, experto o tonto del haba en general que a cambio de pasta está dispuesto a decir lo que sea.
El mismo charlatán presenta un día las maravillas del producto A y al cabo del tiempo las maravillas de su competencia el producto Z. Sin sonrojarse. No hay reunión o congreso, o feria, o lo que sea, que se precie que no tenga al menos una docena de patrocinadores. Que pagan claro. Y regalan chorradas.
Creo que es casi imposible encontrar un científico “honrado”, que cuente la verdad y no lo que dice su “patrocinador”.
Los charlatanes de antes tenían mérito, los productos que vendían eran caros y malos. Pero a la gente le caían en gracia y los compraba.
Eran más honrados que los de ahora.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Aquellos maravillosos años

Otra vez cito a Molinos (es la 4ª, creo) porque hoy en su blog habla de una supuesta teoría de la gacela. Esa más o menos es como la de la 4ª que parimos mis amigo y yo.
Básicamente se trataba de que en los grupos de amigas había que identificar a los cuatro pilares básicos:
-La guapa: Esa como era guapa la descartábamos, a esa no se le entraba.
-La fea: Lo mismo que la anterior pero por motivos contrarios. Aunque hubo una disputa interna muy recordada por una fea de nuestra adolescencia...(buen finde May)
-La guarra: Esta estaba bien pero según para que. O sea que a priori no pero bueno, según te pillara...
-La cuarta: Esta era la interesante.
Aunque eran teorías más bien intelectuales porque a la hora de la verdad...en aquellos años no nos comíamos un colín. Al crecer, si que desarrollamos una más práctica: "La Clasificatio spermis". Esta venía a cubrir un vacío existencial muy importante. Porque claro, llegaba uno y decía "me he enrollado con fulanita" (fulanita sustituye a un nombre, no es que fuera una putilla) y nos asaltaban las dudas: con o sin lengua, con tocamientos o no, superiores o inferiores...
Así que elaboramos un cuadro con números del 0 al 6. Empezaba en el 0 con miradas lascivas y tocamientos propios. Acababa en el 6 con aberraciones, practicas contra-natura y demás... iba desgranando: con lengua, tocamientos superiores sin ropa, inferiores con ropa...
Así llegabas y decías "Ayer me marque un 3,5 con menganita". Y todos sabíamos exactamente lo que había hecho. (Bueno, generalmente nos marcábamos 0,5 de más, no solíamos pasar de 3).
La debo de tener aún por ahí, a ver si la escaneo y la pongo.
No se porque, empiezo a recordar con nostalgia esos años...

viernes, 30 de octubre de 2009

Disimulando, con éxito, mi ignorancia

Como no podía ser de otra forma, un día hace casi un año, mi jefe tuvo una idea absurda:
-Gonzalo, vas a ir a inspeccionar las plantas de producción
Eso es estúpido porque yo no tengo ni puta idea de producción, es de lo poco de lo que no necesito saber en mi curro. Intente explicárselo pero resulta que si estas en un punto del organigrama, se supone que eres superior a los de debajo. Esa idea imbécil existe mucho en las multinacionales.
Así que me vi con el marrón de tener que ir a controlar tres plantas que no sé cómo funcionan ni como pueden mejorar. Iba a la primera pensando que cojones le iba a contar al responsable. De repente vi la luz.
Me paré en una tienda de “tunning” (que me encantan) y me compre tres relojes deportivos para el coche. Uno indicaba la temperatura, otro era un altímetro y el otro una brújula. Con un par. Los metí en un maletín súper chulo, de cuero, rígido y con combinación.
Llegue a la primera planta, el encargado, un señor que lleva 20 años en su puesto y se la sabe con los ojos cerrados, me explicó un montón de historias que no entendí. Cuando me estaba acorralando y se veía que necesitaba decir algo, puse el maletín encima de la mesa. “Click-click” abrí la combinación y saque el primer gadget que me vino a la mano. Era el altímetro.
-¿Te has fijado que aquí estamos a 675 m?
-Pues no Don Gonzalo, ¿Qué importa eso?
-¿No controlas la temperatura y presión en la fabricación?
-Ssssi- se iba poniendo nervioso.
-Vamos abajo- dije con suficiencia
Bajamos al nivel de suelo (estábamos antes como en un cuarto piso viendo no se qué máquina).
-Ves, aquí sólo hay 650m. esto tendrá implicaciones…
El tío se puso nervioso. Empezó a explicar los procesos de calibración en los que podía influir, prometió revisar procedimientos y analizar las soluciones.
Click, click. Cerré el maletín y me fui tan contento. El encargado a los dos días paso un informe hablando de las magníficas sugerencias que le había aportado yo…
En la siguiente la misma historia, saque el termómetro y el encargado alucino de ver las variaciones de temperatura en distintas zonas (la verdad yo también, aquel trasto debía estar escacharrado) además con la brújula estuve analizando las orientaciones según el polo norte magnético y geográfico (venía en las instrucciones del cacharro). El gachó pasó otro informe poniéndome fenómeno.
Al tercero le habían avisado sus compis, así que me enseño todo el mecanismo de control que iba a poner en marcha:
-Pero ¿y los costes? –pregunté.
-Hombre, suben un poco, si cuentas los parámetros a sondar, las correcciones a hacer…
Pasé un informe diciendo que había que ajustar los costes en esa planta, vigilar que la calidad nos se nos comiera el beneficio…El jefe se quedó contentísimo. Yo aliviado.
La putada es que al cabo del tiempo, el jefe me ha pedido que de otra vuelta…He intentado explicarle (otra vez) que yo no tengo ni idea y que todo eso es una farsa y papel mojado.
No ha servido de nada.
Me voy a comprar un barómetro y un astrolabio…

martes, 27 de octubre de 2009

Internet aún tiene sorpresas...

Pues si, queridos amiguitos. Cuando ya pensaba que todo estaba visto he descubierto...¡¡¡un buscador!!!.
Ojo, no es un buscador normal. Se llama www.wolframalpha.com es de un matemático muy polémico. Podeis probarlo, es diferente porque no te enlaza con nada. Te da datos. O sea que no es un buscador. Bueno si pero diferente.
Si por ejemplo metes "London" te dice las coordenadas de Londres, la distancia desde donde tu estas y el tiempo que hace...
Es sorprendente. Espero que os guste.
P.D. : Dedicado a Pablo Martin, por una vez voy a sorprender y con algo de tu especialidad... Cualquier día pongo un video de golf

lunes, 26 de octubre de 2009

Varios currantes que me gustan y uno que odio

Hay dependientes de tiendas que me encantan. Por buenos o por bordes pero me encantan.
El primero en la lista es el tío de la tienda de enmarcaciones. Aparecías allí a preguntarle: “Mira, me han regalado un poster negro de 2x0.8 m. ¿me puedes decir cuánto me costaría un marco?” y el tío te miraba espantado “¡¡¡¡¡¿Sin verlo?!!!!!, ni hablar”. Y era así, tenias que llevarle el poster el cuadro o lo que fuera, se pegaba un cuarto de hora estudiándolo y al final empezaba a darte opciones (nunca menos de 20) explicándote cada una. Te pegabas un mínimo de una hora para enmarcarte el titulo de la facultad…Me encantaba pero ya cerró el negocio.
Luego me gusta mucho una tienda de colchones que el tío es un experto. Vas a comprar un edredón y el gachó te cuenta toda la historia del edredón en España, cuando vino, como empezó…Una vez fui a buscar unos cojines y se me coló, ya en la puerta, una señora. Le pregunto por el precio de un colchón así a sangre fría. El tío la mira y le dice “¿lo quiere que le proteja o que la acoja?” ¡¡¡GENIAL!!! Eso es un vendedor de colchones. Estuvo cuarenta minutos explicando los diferentes tipos de colchones ante el agobio de la señora que tenía mucha prisa. Para joder yo hacía preguntas por en medio y así se alargaba. No haberte colado.
Hay una tienda en Zaragoza donde llevas el dibujo de un mueble y te hacen las maderas que necesitas para montarlo. Una especie de Ikea pero con diseño tuyo. Llegas allí con el dibujo de una mesilla de noche para un hueco, o una mesa para estudiar o algo así (nadie diseña cosas muy complicadas) y el o la dependiente se queda un mínimo de diez minutos estudiándolo….¡¡¡¡buscando defectos!!!!, por muy perfecto que seas al rato te dice: “aquí le falta una tabla de refuerzo, si no, no soportará peso” y si le contestas “es cierto, pero con la perspectiva del dibujo no se ve” seguirá hasta pillarte “¿vas a poner esto con cangrejas o con tirafondos?”. Es divertido.
Por supuesto, mi mujer odia todas esas tiendas. “¿Pero para que vas ahí con lo pesados que son?”. Pues a mí me gustan… Digo todo esto para que se vea que no soy muy exigente, e incluso dependientes bordes y encargados capullos me caen bien.
Pues bien, un gilipollas integral es el encargado de la Biblioteca. El funcionario cabrón de la Biblioteca dónde saco libros es el tío más imbécil del mundo. Hace un par de años La Parienta me hizo ver que en casa no cabían más libros. Había que dejar de comprar libros, a partir de ahí la Biblioteca entró en mi vida.
La Biblioteca está bien surtida, nunca hay cola ni problemas de encontrar lo que buscas, pero el encargado…Lo primero es que habla a gritos. La Biblioteca, como casi todas, está llena de gente estudiando y carteles pidiendo silencio. Pues bien, le preguntas cualquier cosa y te contesta a voces. Si un libro no está en su sitio, pese a que el ordenador diga que si…se la trae al pairo. Si quieres que te deje el libro unos días más de los establecidos (que leerte “La montaña mágica” en 20 días es imposible)…se la trae al pairo. Si le pides si puede pedir un libro a otra Biblioteca te contesta que no es su trabajo, que vayas tú. Odia a los libros y a los que leemos.
A ver si hay suerte y un día se va a comprar un colchón a donde yo sé…

miércoles, 21 de octubre de 2009

Paseando al "yayo"

Cuando una multinacional compra una empresa, por diversas circunstancias que no vienen al caso, les gusta dejar un 1 ó 2% de acciones en manos que no sean suyas. Se crea así una categoría de “rentistas” que son un pequeño embrollo en las empresas.
Son una gente que tienen una renta garantizada y que no pueden opinar ni cambiar nada, pero que no queremos que toquen los huevos en las juntas y demás. Así que hay que procurar tenerles contentos.
En algunos casos han hecho autenticas fortunas, se han forrado tipos gracias a conservar por ejemplo un 1% de “Callicida Pepe” que la compro una farmacéutica española y esa a su vez una multinacional de la leche y ahora son los dueños de un pequeño tesoro.
En el caso que nos ocupa, el elemento en cuestión es conocido como “El yayo”. Este hombre, de familia rica se hizo todavía más rico quedándose como socio de la empresa imbécil en que trabajo. Ahora mismo, en una edad provecta, no se dedica a nada. De joven tampoco pero entonces hacía proyectos. Soltero y sólo en la vida, vive con un ama de llaves de película de terror y un chofer-secretario-guardaespaldas del este, que no habla y mira muy mal. Siempre hacemos chistes sobre la juventud juerguista que debió pasar y como supo mantenerse soltero y sin hijos, sin obligaciones para seguir la farra hasta el final.
Como parte de las obligaciones de mi trabajo, está el ir a despachar con él cada 6 meses, es una obligación en la que nos vamos turnando. Consiste en alquilar un coche de mil pares (al yayo le encantan los coches), ir a verle a dónde este (alterna diferentes residencias), merendar con él y darle un paseo. Hacemos bromas acerca de la relación que mantiene con la mucama y fantaseamos con llevarle a un puticlub, donde imaginamos que todos le conocen…
Con todo esto, lo único que pretendemos es que no de guerra…bueno y algo más. Todos no comemos el tarro pensando en a quien dejara su herencia, sin familia, sin amigos…hay que vigilar no caiga en manos de algún desaprensivo, bancos o fondos de inversiones por ejemplo…
Me tocaba y yo no me acordaba. Así que un día llego el jefe con un Porsche Cayenne y me mando a buscar a “El yayo”. Alucine con el buga, 340 c.v. y cambio automático con modo deportivo… Casi no me importó que estuviera el hombre a 5 horas de viaje. Cogí el cochazo y me plante en la cara norte del Guadarrama en un visto y no visto.
Cuando lo recogí se noto que le gustaba el carro. Antes de que le pudiera invitar a merendar me soltó:
-¿Con este coche tan majo, podría llevarme a Santa María la Real de Nieva?
-Donde quiera yayo
Y allí iba yo apretando el pedal. “El yayo” empezó a hablar. Es raro porque suele ir callado. Me contó que era el pueblo dónde había nacido, que hacía veinte años que no iba por allí y como recordaba su infancia, una época feliz.
Me sentía un poco raro, la conversación se estaba poniendo personal, íntima…
Al llegar dimos un paseo sin bajar del coche. Me fue contando la historia de las casas del pueblo.
-¿Me llevaría a Juarros?
Y allí fuimos, contaba sus vacaciones y la época de matanza, contaba y contaba historias y yo me iba poniendo nervioso. La conversación se estaba poniendo demasiado personal. Para mí, “El yayo”, siempre había sido un saco de huesos con un montón de millones y una vida de presunto libertinaje. Un niño pijo sin fondo, sólo era una cifra en las reuniones de la Junta, y ahora estaba cogiendo forma. Persona y alma.
-¿Podemos ir a El Espinar?
-Pero Yayo, que es muy tarde…
-Es igual, hijo (nunca nos tuteaba), ya duermo muy poco…
Y se nos hizo de noche en la carretera y “El Yayo” iba desgranando sus recuerdos.
Al final no pude más y le pregunté:
-Oiga Yayo, está hoy muy hablador…¿por qué me cuenta todo esto?.
Se giro para mirarme y me empezó a explicar.
Me contó que ese era un viaje de despedida, que sabía que nunca iba a volver por allí y que suponía que en uno o dos años se iba a morir. Habló de cómo sus recuerdos y su vida entera iban a morir con él. Contó lo que le hubiera ilusionado formar una familia, pero una enfermedad hereditaria, que transmitiría a su descendencia, le había quitado las ganas de tener hijos, me dijo que todos los que le rodeaban sólo buscaban su dinero, que su dinero además se iba a ir a una fundación que investigaba esa enfermedad y acabó diciendo:
-Hijo, creo que tú eres un poco más sensato que los demás, y no quería morirme sin que nadie supiera las nanas que me cantaba mi madre o cómo eran los chistes con los que me reía en el año 30…
Se me hizo un nudo en la garganta y paré el coche. Me baje y respiré hondo. El se bajo y aprovechó para mear. Me cagué en todos los chistes que habíamos hecho sobre el abuelo libertino y en todas las veces que nos reímos pensando en su libertinaje…
Me juré a mi mismo que no iba a pasar ningún informe de la visita y que no diría nada, nunca más, de él. Cuándo lo dejé en el balneario en que estaba alojado (cerca de las dos de la mañana, con gran nerviosismo de su servicio) al hombre se le veía contento.
Yo llevaba media hora pensando como despedirme. No sabía que decir.
-Yayo, esto…
Me acerque y le di un beso. Me fui sin mirar atrás.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pereza

Otra vez ha vuelto a pasar. Vuelve a empezar la rueda. Llevo 11 años de pelea en las multinacionales, las empresas imbéciles por excelencia, y esta es la cuarta vez que empieza la misma historia.
El principio puede ser muy diferente. Se puede deber a “fusiones y adquisiciones”, a una jubilación, a la creación de un departamento, pero siempre es el camino para entrar en el baile de las sillas o “las largas jornadas de los cuchillos”.
Empieza una mala época, una época de ir a las reuniones con la navaja en el bolsillo, quedarte pegado a la pared y cuando veas sangre, lanzarte a acuchillar…No es que peligre nuestro trabajo…al menos en principio. Peligra algo mucho más importante para nosotros. Nuestro poder. De ganar o perder la batalla pueden depender muchas cosas: que se te evalúe con más o menos frecuencia, que tu jefe te pida más o menos resultados, que tu vida sea más o menos tranquila…
Hay que adoptar varias estrategias para la batalla. Primero saber en qué bando vas a luchar, si tu jefe está bien posicionado o hay que irse haciendo amigo de otro, si puedes intuir quien va a ganar… Cálculo de probabilidades en suma. Si fulanito es hijo de tal accionista puede ser bueno…o malo. Si tal jefe lleva más años que Matusalén puede ser bueno…o no. No hay amigos, no hay respeto. Durante un año sólo nos regiremos por la estrategia y las modas.
Las modas también importan en estos casos. Hay veces que se pone de moda hacer muchos Power Point, otras veces son los gráficos. A veces las comilonas, otras veces el ascetismo…
Venía el otro día en el avión con mi jefe (mal posicionado por cierto por esta vez) y mientras bajábamos con una tormenta del carajo, dando tumbos y yo rezando como un loco me dijo:
-¿Te imaginas que gusto, Gonzalo, si nos matamos?
Le miré con cara de pánico y diciendo algo así como “mecagoentodatuputamadreconelmiedoquestoypasando”
-No me mires así coño, entre el seguro de vida de la empresa y el de la Visa, a tu viuda le iban a caer 700.000€, con eso se iba a secar las lágrimas con billetes de 10€. Y a tus hijos los iban a tratar unos sicólogos de lujo, y tú y yo nos íbamos a librar de toda esta movida.
Por un momento, paró el miedo y le entendí. Le pasaba como a mí. Estamos preparados para esto pero después de tantos años, volver a la lucha nos da pereza. Ya sabemos lo que viene, lo hemos pasado otras veces.
Pero ya estamos muy cansados.