viernes, 10 de diciembre de 2010

¡Confiar y esperar!

HACE 30 AÑOS
Un niño, en esa fase de abandono de la infancia y caída en la adolescencia, es un voraz lector. Además de libros, lee con gusto una revista llamada J20 en el que se trata a los niños como personas. Sorprendentemente. Un día esa revista trae una entrevista con el director de Greenpeace en España. El niño la lee y decide desde ese momento militar en la organización.
Escribe una carta a las señas que la revista facilitaba y espera contestación.
Siguió esperando muchos años...
HACE 20 AÑOS
El niño se ha transformado en un atractivo joven. Sigue siendo un lector insaciable. Entre sus lecturas no falta todas las semanas el articulo de Arturo Pérez-Reverte. Un día ese artículo se titula "La guerrera del Arco Iris" y en él, cuenta el aún no académico, como su hija también escribió un día a esa organización. Y le mandaron unos folletos.
"Cabrones" murmura el joven (atractivo joven), a él ni eso...
ESTA SEMANA
El atractivo joven ha dado paso a un hombre maduro, en su plenitud física y mental. Conserva todo su atractivo y...bueno vale. El caso es que suena el teléfono en casa de nuestro héroe (yo mismo por si alguien no se había dado cuenta).
-¿Es usted D. Gonzalo Viveiró?
-Si
-Mire somos de Greenpeace, estamos haciendo un campaña de captación de socios, no se si nos conoce.
-Llega 30 años tarde
-¿Como?
-Les escribí para hacerme socio hace 30 años, nunca me contestaron...
-A lo mejor no llego la carta
-Ya pero a la hija de Pérez-Reverte tampoco le contestaron nunca...
-Bueno, escuche no se quien es, pero es que tenemos que trabajar siempre con mayores de edad.
-Ya pero a un niño le hay que contestar siempre.
Silencio en el otro lado. Cuelgo. Respiro.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Noticia de última hora. Seguiremos informando.

Queridos lectores. Tengo curro.
Aún no he firmado, pero me han confirmado que empiezo en Enero. Es una historia muy larga, os la contare después de la borrachera...digo del puente. Por ahora os dejo la noticia, gracias por vuestro apoyo. ¡Ah! y que sepáis que además este curro:
-Nadie me ha hecho un favor para entrar, salio de un anuncio en el que buscaban a uno más o menos como yo.
-Tiene bastante que ver con lo que he hecho hasta ahora.
-Me pagan un sueldo digno, bastante digno.
-Me parece que me va a dar mucho, pero mucho material para el blog.
Ánimo a los que estáis en paro.
Y gracias a todos por ayudarme a sobrellevar estos meses de oscuridad.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Sara: Eres tonta

Y eso que no te conozco de nada.
Pero a ver colega, que has quedado de pena. Toda la vida soñando, me imagino, con un amor romántico de cuento de hadas. Y lo tienes. Pero tu final ha sido diferente: "..fueron felices y comieron perdices. Pero poco después la Princesa descubrió que quería tenerlas más grandes, y se opero para ponerse tetas. Medio kilo".
Joder, menuda cagada.
Que tenias casi todo, tía, tía, jo tía. O sea. Eras guapa, un poco "niña piano" pero guapa y con buen tipo. Encontraste trabajo al acabar la carrera, que eso es jodido, si lo sabré yo. Además en la tele que mola mazo. Y encima en deportes que es lo único que interesa a la gran mayoría de los españoles. Por si eso fuera poco te mandan a un mundial que gana España. Que eso no volverá a pasar...sabe Dios. Y te ligas al niño guay de la selección. Y te da un beso que parecía una peli de Meg Ryan.
¿Que más podías querer?.
Medio kilo de tetas. Que te tendrás que reoperar cada diez años y que habrás pasado un pos-operatorio de mil pares.
Joder, tía, tía, o sea tía. Que son tetas colega. ¿Va a tener más salud tu familia con tetas? no, ¿vas a tener más tiempo para estar con tu súper-novio, tus amigos...? no, ¿vas a tener capacidad para leer más libros, ver más pelis...? no, ¿te va a querer más tu novio guay? no...espero, si te quiere más por medio kilo de tetas...mal. Son tetas.
Y tu te has puesto medio kilo.
O eres una insatisfecha de cojones, en cuyo caso, colega, te vaticino que con las tetas tampoco vas a ser feliz; o eres tonta.
Que las disfrutes.

martes, 30 de noviembre de 2010

La carta a los Reyes Magos

Tengo que escribir la carta a los Reyes.
Normalmente, la carta a los Reyes es cosa de cuando eres pequeño. Queridos Reyes magos: Este año como he sido muy bueno...y tal. Luego, con la edad y la pérdida de la inocencia, eso va degenerando en una lista de la compra más o menos fantástica. El colmo de la dejadez en este punto era uno de mis hermanos que directamente te daba la lista de recados: "comprar unas almohadillas nuevas para los cascos" ponía en una carta...
Pero con el matrimonio en mi vida entraron varias cosas: las gafas de sol, el helado de turrón, los sombreros y...la carta a los Reyes. Si amigos, La Parienta exige una carta a los Reyes auténtica, con detalles y por supuesto entregada a tiempo. Así que me toca.
Pero claro, cuando te pones a redactar una carta a los Reyes, tienes que poner generalidades y regalos. En los regalos hay varios fijos: puros, navajas, bastones...y en las generalidades viste mucho lo de "trabajo y salud para toda mi familia".
Vale, pues fijaros. Yo el año pasado puse eso, lo de trabajo y salud. El trabajo me duro cinco meses después de Reyes y la salud...después de un mes que no sabíamos si matar a nuestro hijo o a nosotros, la poca salud que me queda la estoy destrozando en el gimnasio y con algún pitillo furtivo. Por si fuera poco el año pasado me lancé: "quiero la Kawasaki Vulcan V.N. 900, acabado Classic, con maletas rígidas, pantalla, estriberas y barras de protección. En negro". Por supuesto no me la trajeron.
Peeeeeero, el día de Reyes del año pasado, salimos a comer con mis padres. Paro en el primer semáforo y ahí se paró el hijo puta. Llevaba la Kawasaki Vulcan V.N. 900, acabado Classic, con maletas rígidas, pantalla, estriberas y barras de protección. En negro. Era la mía. Al cabrón de él le habían traído mi moto. Y ahí andaba con todo el frío del mes de Enero, que a quien se le ocurre salir en moto, aunque sea para estrenarla, más feliz que la puñeta. Además tenía una cara de gilipollas que lo más ocurrente que se le habría ocurrido pedir sería la Maxi Cossi o algo así.
Así que ya me diréis que hago. porque si pido el Mercedes Clase R, se lo traen al vecino del garaje seguro.
Total, que voy a pedir algo así: "Queridos Reyes Magos: Ir rehaciendo el desaguisado que habéis montado con mi vida en general y mi moto en particular. Mientras tanto traed una botella de Fifty Pounds o de London nº1, y si no lo arregláis id imaginando como acabare."
Que a ver si así se enteran.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Una comida memorable

He viajado bastante. Y he comido y cenado en sitios de todo tipo y pelaje. Me habré dejado sin ver infinidad de museos, lo reconozco, pero tengo una idea bastante clara de cómo se come en casi todos los sitios que he estado. Porque uno tiene sus vicios.
Y hay sitios que con el tiempo se te han quedado en el recuerdo, si, pero hay otros que desde el momento en que entras sabes que los vas a recordar siempre. Esto paso en Ámsterdam en el Supperclub. Ya conté en una entrada anterior que me había empollado una seria revista gastronómica antes de ir. Hablaba de un sitio donde se comía bien y las camareras llevaban el menú escrito en el cuerpo… Comer en un sitio que se llama Supperclub y las camareras llevan el menú tatuado…puede parecer peligroso (peligro de SIDA, sífilis, ladillas…me refiero). Pero yo tenía una ventaja. En aquel entonces curraba en una empresa que casi todo eran tías. Incluso tenía una jefa (que era el jefe más retorcido que he tenido nunca). Así que yo los viajes los hacía con una tía. Eso tiene ventajas para los dos. Para ella porque podía ir a sitios que mujeres solas seguro que no visitan. Y para mí porque me garantizaba que cualquier farra iba a acabar dentro de los límites aceptables para La Parienta.
Total que le llame y le expliqué el sitio. Acepto ir a comer allí y reserve antes incluso de salir de España.
El día D, salimos del hotel camino al garito, entone el “yo guio” y como siempre…nos perdimos. Mi sentido de la orientación es inexistente. Me habían dicho por teléfono que había que estar allí a las ocho y media de la noche. Sin falta. Llegamos justos. Sobre todo porque habíamos pasado dos veces por delante y no lo habíamos visto, no estaba muy indicado ni tenía ventanas…
Entramos, nos quitaron el abrigo y cerraron la puerta. Nos giramos para ver el local y…alucinamos.
Era una especie de nave industrial pequeñita. Toda en blanco y negro. A lo largo de la pared había una cama gigante. El “acomodador”, nos llevo a un trozo de cama. Nos indico que nos quitáramos los zapatos y nos tumbáramos. Afortunadamente, llevaba los calcetines íntegros….
Una camarera, vestida con traje largo y con delantal de “Möet-Chandon” (lo tendría mal para desnudarse y enseñar el menú pensé) nos puso una mesita en medio con una botella de agua de diseño encima y se tumbo a mi lado. Preguntó en qué idioma queríamos hablar (inglés, francés, alemán, holandés…) y luego qué tipo de vino queríamos.
Llegados aquí, no me aguante y le pregunte que como funcionaba eso, que dónde estaba la carta y que antes del vino sería bueno ver que había de comer. Podéis pensar lo que queráis, lo hice sólo por el hambre ¿eh?.
Total que se descojono de risa, pero con educación, pregunto si éramos alérgicos a algo y nos dijo que nos relajáramos, que empezaban…
Lo que siguió fue una experiencia memorable. Creo que no me volveré a ver en otra así…Salió un disk-jockey a una plataforma del centro del local y empezó…aquello.
Aquello consistía en que iba poniendo música, jugaban con las luces e iban sacando platos de comida. Todo a la vez. La música era genial, la comida era buenísima, iba corriendo el vino. La peña se iba relajando, los hombre empezábamos a aflojarnos el cinturón y las mujeres dejaron de preocuparse por haber ido con falda…El ambiente era agradable, desde jóvenes estudiantes celebrando algo hasta nosotros, dos currantes españoles en viaje de negocios. Empezamos muy formales todos, acabo con la gente bailando, retozando en las camas, fumando porros (¡oh Ámsterdam!) e incluso los camareros participaban de la fiesta.
Actuaciones, música, luces, comida…por en medio venía un masajista y allí mismo te daba un masaje que te dejaba nuevo. En medio de la vorágine vino a saludarnos una camarera que se había enterado de que éramos españoles. Ella era de Santander. Se partió de risa cuando le contamos lo del menú escrito por el cuerpo, aprovecho para decirnos que lo suyo era dejar un 10 ó 15% de propina, y a la pregunta de si me podía llevar la botella de agua nos dijo que era un diseño exclusivo del local y que ni siquiera se vendían. Que sólo estaban para ese restaurante.
La factura fue descomunal, pero entonces teníamos una tarjeta de crédito de la empresa que nadie controlaba demasiado…salimos a la una y media de la mañana pensando si en el curro aceptarían que fuéramos otra vez y sabiendo que nos íbamos a acordar mucho tiempo de esa cena.
Han pasado diez años y sigo acordándome de aquella experiencia. Y la cuento cada vez que alguien me pregunta por la botella de agua esa tan chula que tengo en el salón de casa.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El gimnasio como ecosistema

He empezado a ir al gimnasio. En mi lucha por tener un cuerpo que a La Parienta le resulte sino atractivo, al menos rentable en su mantenimiento, la temporada de ir en bici se acabó. Lluvia y viento son dos elementos poco compatibles con mi afición a la bici. Así que, aprovechando que tengo un gimnasio a 50 metros de casa y que con las crisis los precios del mismo están por los suelos, me he apuntado a uno. No sólo me he apuntado, también voy. Tres días a la semana.
El gimnasio es una forma de deporte desconocida para mí desde hace muchísimos años, desde mi época de fornido atleta universitario. Es entretenido. El gimnasio va a dar mucho tema para el blog. Y eso es importante.
Para empezar mi gimnasio tiene un detalle que mola. Las taquillas de dejar la ropa y los bancos de los vestuarios son de madera. Como en las pelis de ejecutivos. Eso me gusta. Luego se divide en las salas de clases (yoga, spinning, Pilates y demás) que no pienso pisar y la sala común. Esta es la que uso.
Primero está la zona de la gente sana. Bicicletas, cintas de correr, maquinas de esquí…eso tipo de aparatos. Con la tele puesta y tal. Aquí vienen “los sanos” gente que llega hace una horita de deporte y se va. Gente que se escapa un rato del trabajo, opositores desfogándose, mozas que aún están en el mercado…Llevan ropa deportiva de marca normal, una botella de agua y su toalla. Zapatillas de tenis o similar. Atienden a la tele o al MP3, no hablan con nadie y vienen y se van solos.
Luego viene una zona de transición con maquinas raras. Ahí te pones en posturas diversas y tiras de determinadas palancas. Lo que pasa es que de las palancas cuelgan pesos…eso lo hace difícil.
Al fondo esta la zona de los culturistas y boxeadores. Esto es una parte con las paredes llenas de espejos y un montón de pesas de todos los tamaños. De 0,5 a 25 kilos. Los tíos que la pueblan, se dedican a levantar cantidades ingentes de peso en posturas inverosímiles. Tienen una hipertrofia muscular tremenda. Se ponen agachados, levantan una pierna, estiran los brazos…y así levantan 100Kg. Quince veces. Mientras se miran en el espejo. Todos llevan ropa deportiva de marcas raras, zapatillas de colores agresivos y hacen ejercicio en pandilla. Sobre todo porque a veces se tienen que ayudar para no ahogarse bajo el peso que levantan…Llevan como complementos guantes y cinturón-faja de cuero. Además llevan una parafernalia tremenda: botella de agua y otra de líquido de color raro, toalla, esponja…hablan rarísimo: “¿Has acabado ya?” y otro le contesta “Si, ya he hecho mis tres horitas, sólo me falta la definición…”. Hay que joderse, tres horitas…
Hay un tercer grupo que pulula por todas partes. Los camorristas. Tíos con pinta de porteros de discoteca, músculos y muy fibrosos, vestidos de oscuro y con cara de irse a dar de leches con alguien. Hacen pesas donde los culturistas, se van un rato a las bicis, paran en algún aparato a hacerse unas series…no sé muy bien cómo van porque no los miro mucho. No sea que me calcen un guantazo.
Yo por el momento hago un poco de todo, un rato de bici, unas maquinas y luego algo de pesas. Una hora o así, según me dé. Supongo que habré de integrarme en un grupo pero aún no lo tengo claro. No llevo botella ni MP3. Pero hoy haciendo pesas ha venido un culturista a explicarme cómo hacerlo mejor…
Lo dicho, esto va a dar mucho juego…

lunes, 15 de noviembre de 2010

Cosas que hacemos todos los que tenemos blog

Hubo un verano en mi vida en que descubrí que no era bueno hacer generalizaciones. Ese verano, nos dio por buscar enfoques alternativos a través del uso de sustancias naturales no comercializadas. Vamos, que nos poníamos ciegos de porros, pero lo decíamos de esa otra forma y vestía más. Después de fumarnos alrededor de una hoguera (nos atraía el fuego y en mi pueblo hace frío en las noches de verano) decíamos gilipolleces como "¿Os imaginais que música hubieran hecho Simon & Gartfunkel si fueran negros?" y nos quedábamos tan contentos.
Hubo uno, exaltado él, que un día empezó: "Porque ¿quien no se ha probado la ropa interior de su madre o de sus hermanas?" y también "¿Quien no tiene un amigo del que a veces siente que está enamorado?". Como eramos buenos, no le abrumamos con respuestas....pero me quedo muy claro que no se debe generalizar.
Aún así, a riesgo de meter la pata, como profundo conocedor del comportamiento animal (animales somos al fin y al cabo) voy a autoflagelarme (nos) para contar cosas que hacemos los que escribimos un blog:


-Leer algún blog que no tienes enlazado ni comentas nunca.
-Releer tus primeras entradas y pensar que es raro que no las hayan comentado más.
-Poner comentarios en algún blog de pocos lectores o recién creado pensando “la alegría que se va a llevar cuando vea que le comenta un insigne bloguero como yo…”
-Decir que escribimos para nosotros.
-Soñar con que algún día oirás a alguien, que no sepa que es tuyo, hablando de tu blog.
-Tener ganas de hacer posts aclarando post anteriores porque, por los comentarios, has visto que no lo han captado bien.
-Investigar el perfil de gente que hace comentarios, en tu blog y en otros.
-Mirar estadísticas y contadores.
-Alegrarte, delante del mapa del Analytics, porque han entrado en tu blog desde Turkmenistán. Aunque sea para meterte spam.
-Leer dos veces los comentarios, primero en tu correo y luego en el blog…
-Tener post de reserva, por si no tienes nada que contar.
-Pensar “y esto ¿quedaría bien en el blog?” con los acontecimientos chorra de cada día.
-Pensar que no nos comentan más en las mejores entradas.
-Tener unas ganas irresistibles de contar tu caso en los comentarios a post de otros.
-Hacer post sobre cómo se hace tu blog, como llegaste a otros blogs... metabloguerismo en general. Comentar todos los post de metabloguerismo que vemos.
-Decir que nunca haremos un meme y leer todos los meme que encontramos pensando ¿y si lo hago?

Nada grave al fin y al cabo...