jueves, 17 de octubre de 2013

Hacia el fondo, sin freno.


No tengo muy claro lo que quiero escribir. No lo sé. No sé si despotricar de los sindicatos, si cagarme en los políticos o si pedir armas directamente.

Estamos tocando fondo y nadie hace nada. Nos están hundiendo.

“Te estás riendo de mi. Eres imbécil y estás despedido”

Ayer pasó eso. Delante de mí y de otra gente. Y nadie dijo nada. Miramos para otro lado y pusimos cara de circunstancias. Porque claro, a ver quién se juega el tipo y sobre todo el curro.  Tragamos todo. Hemos perdido todos o casi todos nuestros derechos. Nadie se atreve a reclamar nada ni a exigir nada. Porque fuera la cosa está muy mal.

Pero cuando te haces tan dependiente de algo pasas a ser un esclavo. Lo saben, por eso lo explotan, para esclavizarnos. Los trabajadores tenemos la suerte de tener trabajo. Y por eso tenemos que tragar con todo.

Nadie está ahí para luchar contra esto. Y todos lo estamos aguantando.

Ni siquiera sé por qué pongo esto en un post. Igual es simplemente para intentar lavar mi conciencia. Porque yo también lo vi y tampoco hice nada.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Historias de noroeste, 4


Los matrimonios  son para toda la vida. El divorcio no ha entrado aún en esa cultura arcaica. El matrimonio es para toda la vida. Pero a veces alguien enviuda, en una edad aún no provecta, y entonces se crea alrededor del viudo un aura de misterio. Todos miramos y nos preguntamos qué hará. Si le llorará lo que lo resta de vida, si se mantendrá fiel a su recuerdo, si decidirá rehacer su vida y en este caso con quién.

Hay quién recuperaba novios o novias de su primera juventud, hay quien al enviudar, elige para sus últimos años una solución por interés, que le asegure una vejez confortable, hay quién rompe con su pasado y se vuelve a emparejar con alguien completamente opuesto a lo que había sido su pareja…

El Sr. Antonio enviudó joven, a los cincuenta y pocos. Su mujer murió de una enfermedad rápida. Casi ni le dio tiempo a enterarse.

En el entierro lloraba desconsolado. Le vimos sufrir, vestido de luto obligatorio. Y empezamos a discurrir cual sería su futuro. Pensamos en el censo de solteras de edad a las que podía pretender. Pensamos también en las posibilidades de darse al vicio del alcohol y las mujeres de pago…

Luego nos sentamos a esperar para ver por donde salía…

Sabíamos que tenía que pasar un tiempo. La memoria de los hombres es breve, pero las convenciones sociales obligaban a un mínimo de luto antes de entrar de nuevo en la rueda.

El Sr. Antonio, meses después, fue a preguntarle al hermano de su mujer difunta, su cuñado, que qué le parecería que entrara otra vez en la rueda. El hermano de la viuda lo miró y le reconvino recordándole las normas mínimas:

-Hombre, espera a celebra la misa del primer año de su muerte…

Al poco tiempo, las campanas tocaron a misa de muertos, celebrábamos el primer aniversario de la muerte de la mujer del Sr. Antonio.

Hacía nueve meses que había muerto…

miércoles, 28 de agosto de 2013

De que hablo cuando hablo de comer


Comer está mal visto. En esta ola de estupidez generalizada que nos invade, comer no es suficientemente “cool”. Hemos hecho de la salud un nuevo ídolo, todo lo que sea “sano”, según unos parámetros bastante ambiguos, está bien y lo demás está mal visto, La sociedad es un grupo de ignorantes que acepta la anorexia como modelo y se ríe de los gordos (las gordas, directamente no son humanas, según los parámetros de los diseñadores gays).

Bueno, pues a mí me gusta comer. Tengo además la suerte de que soy de una familia que nos gusta comer. Coincide con que no tenemos colesterol, ni hipertensión ni ninguna otra cortapisa para disfrutar de la comida. Y disfrutamos.

A mis amigos, en general, también les gusta comer.

Y creo que el que no sepa disfrutar de la comida es un ignorante.

¿Qué es disfrutar de la comida?.

Sentarse un grupo de gente, varios, en torno a una mesa. No a una cualquiera, a una elegida para comer algo definido, ya sea porque es un clásico o porque se quiere probar algo nuevo. Pasarse dos o tres horas comiendo, disfrutando de lo que se come, probando y comentando. Recordando comidas pasadas y planificando nuevas.

Sin importar la cantidad, sin importar el precio. Comiendo porque da gusto comer y charlar. Disfrutar de la conversación cuando se come, reírse de la conversación en una churrascada porque parecen los diálogos de una peli porno: toma más, no me dejéis esto así, aprovecha ahora que está caliente…

Hacer fotos de la comida y mandárselas a los amigos de otras comidas, comentándolas. Probar y repetir para encontrar ese sabor especial. Regodearse en el acercamiento a la comida, recordarla con gusto después. Que sean una ceremonia cada comida, el desayuno, el almuerzo, la comida...cada uno con una particularidad en una sucesión diaria de aventuras.

Que te feliciten porque da gusto cocinar para ti. Ser consciente de estar pecando de gula.

Engordar 6 kilos en tres semanas. Y ser feliz.

jueves, 1 de agosto de 2013

Pequeños momentos que facilitaron la vida


Acaba la temporada, llegan las vacaciones. He cogido 40 aviones en lo que va de año. He viajado por un montón de países. Y al final, esforzándome, puedo llegar a tener unos pocos recuerdos agradables de los viajes. Cosas que han pasado y me han hecho un poco más cómoda la vida de viajero:

-Llegue al aeropuerto de Chicago, tras nueve horas de vuelo, y tenía que coger otro avión. La empleada de United que se encargaba de los transbordos, muy alta, morena y con gafas, se me quedó mirando y me dijo “me encantan tus patillas”. Me alegró el viaje.

-En medio de un viaje, cuando se había ido a la mierda la combinación y me quedaba colgado, apareció otro español, también dedicado a andar dando vueltas por el mundo, y entre los dos solucionamos el tema divinamente. No nos hicimos amigos ni nada. Ni nos llamamos, ni estamos en contacto. Somos profesionales y nos portamos como tales.

-Hubo una azafata española de una aerolínea extrajera que me debió de ver agobiado y se paso casi cuatro horas del vuelo charlando conmigo.

-He ido a un par de países con situación política bastante complicada, y en todos ellos la gente ha resultado bastante maja.

-He repetido en algún restaurante de hace uno o dos años. Eso te da gusto.

-Llegue a un hotel en Kazajstán y me dieron una cama que al tumbarme era tan dura que pensé que no tenía colchón. Si que tenía. Un tipo especial. Dormí genial.

-La visión del tatuaje de una camarera en el escote. Algún otro escote y algún otro tatuaje.

-Llevar el ordenador lleno de pelis y las dos primeras temporadas de Mad Men (por fa, pasadme las siguientes)

-Los desayunos de huevos Benedictine

-Los coches de alquiler grandes.

-La oficial de policía de fronteras de Azerbajan, además de ser guapísima me deseo una feliz estancia en su país con una sonrisa que casi te alegrabas de haber ido.

-El indio que me metió mano en el aeropuerto de Heathrow. Me sorprendió tanto que le miré con cariño y casi le doy mi número de teléfono. Jamás me hubiera imaginado a alguien metiéndome mano así de repente…

-Acertar con la ropa de abrigo en sitios de frio.

-Descubrir que mi chaquetón náutico azul marino es tan bueno como decían.

-Darle utilidad a los jerseys gordos que pican.

-Comprar ropa en Estados Unidos, comprar tabaco a 0.30€ el paquete de 20 en países raros.

-Que la gran Duquesa haya decidido dejar de trabajar porque es mucho estrés

-Seguir sin usar el GPS. Presumir de saber manejar mapas.

-De una empresa con gente que viaja, un día el jefe me dijo: “si alguna vez te quedas en paro llámame”. Supongo que si me quedara en paro pasaría de mí. Pero es señal de que se dio cuenta de que trabajo bastante.

-Aprender alguna palabra en rumano. Ser capaz de entenderme con algún cliente que habla rumano nada más.

-Que una web de reserva de hoteles me dé un 10% de descuento en todas las reservas.

-Tener puntos en la tarjeta para hacer ida y vuelta los cuatro a Londres cualquier día de estos.

-No tener planeado ningún viaje a la vuelta, que surjan…

Felices vacaciones a todos.

viernes, 12 de julio de 2013

Estamos mayores...


Salgo de casa como cada día. A las 6 y 20 de la madrugada. Para ir al garaje, recoger a mis compis y a las 7 entrar al reino del pollo frito.

Ahora en verano sales ya con luz de día. Y aquí en Vetusta, es de las pocas horas del día en que se puede respirar. Normalmente, en mi barrio, en todo el año nos movemos a esa hora las mismas personas. El que lleva el pan, la que va a limpiar el bar y dos o tres que curramos a esa hora infernal.

Pero hoy hay algo diferente. Los veo justo en la puerta de la tienda de lámparas.

El es un chico ni fu ni fa. Más bajo que alto y más gordo que flaco. Tendrá unos 16 o así. Ella es alta, bastante alta y con melena. Viste con una camiseta y unos pantalones mínimos. Se le nota que en el escalafón de belleza está unos cuantos pisos por encima de él.

No le veo la cara.

No le veo la cara porque el está, con todo el cuello estirado, tapándosela con la suya. Y explorando sus molares con la lengua. Y con una mano la aprieta de la espalda, mientras la otra se aventura a bajar, y está ya en el límite de la piel y el short.

Ha pillado.

Ha pillado, yo creo que muy por encima de sus expectativas. Esa noche le ha salido bien, ha estado inspirado y se ha llevado a la reina del baile.
Y se aplica a ello como si no hubiera mañana. Porque sabe que, seguramente no hay mañana.

Cojo el coche y salgo del garaje. Mis compis suben. Dos de ellos han venido por el mismo camino que yo, los han visto seguro.

Doy un pequeño rodeo para pasar otra vez delante de ellos. Allí siguen. Y seguramente aún seguirán un rato más. Y no creo que lleguen a más. Casi seguro que no tienen dónde. Así que todo se quedará en eso.

 Y creo que estoy viejo porque será un rollo y será frustrante y lo que quieras. Pero recuerdo con cariño cuando los besos duraban horas y horas. Cuando se empañaban los cristales y se entumecían los labios. Cuando el roce y el sobiqueo se prolongaba hasta el infinito. Aunque fuera porque no podías hacer nada más.

Y una de mis compañeras, también de mi edad,  los ha mirado, mientras esperábamos que se pusiera verde el semáforo, y ha dicho: “que envidia”.

lunes, 24 de junio de 2013

Europa unida


Pues era el año, ya lejano, 1986. Y resulta que la buena gente de lo que entonces se llamaba Mercado Común, había decidido que nos dejaba entrar. Que si pesaos. Pero a cambio de una serie de condiciones.

Obviamente nadie puede poner puertas a la industria. No puedes decidir que se produce y dónde. Pero en el tema de la agricultura puedes hacer algo muy perverso. Subvencionar. A través de la subvención tú decides que se produce  que no en un determinado país. Así que los listos europeos, miraron el mapa de España y decidieron que:

-Teníamos buenas condiciones para producir carne de cordero.

-Teníamos una producción excesiva de cerdo, producíamos un 15% más de lo que comíamos. Eso limitaba los precios.

-No teníamos condiciones para producir leche de vaca. Sólo para aproximadamente un 60% de nuestro consumo. El resto lo tendríamos que importar.

-Producíamos demasiado cereal.

-Producíamos aceite de oliva de calidad media baja.

Y oye, con este sesudo análisis allá por el 86, los políticos y funcionarios europeos se lanzaron a legislar. Empezaron a dar ayudas al ovino, ayudas a no cultivar, ayudas, ayudas…

Pero claro, lo de hacer una cosa de cara al público y otra por detrás, trae consecuencias.

Así, los británicos empezaron a poner unos requisitos de calidad y seguridad durísimos a la carne de cordero. ¿Por qué? Porque querían vender aquí el que tenía de excedentes la commonwealth…

Los franceses y los de los países bajos, decidieron que para que producir nuestra leche si a ellos les sobraba. Y presionaron a la industria para que arruinara el precio de la leche en España.

Los italianos y algún otro, aprovecharon para importar aceite de oliva de países terceros, para competir con precio.

Así 27 años después los resultados de esta política han sido:

-La producción de carne de cordero ha bajado. En parte por la despoblación rural y, sobre todo, por la agresiva competencia de países terceros.

-La producción de cerdo ha pasado a exceder en un 36% el consumo. Esto hunde aún más los precios.

-La guerra con la leche ha sido tan dura que hoy ni siquiera podemos producir la cuota que nos dieron. Aquella que era tan baja que provocó manifestaciones multitudinarias…Hoy sobra. Nadie quiere producir leche. Lo han hecho un negocio ruinoso.

-Nos faltan muchísimas toneladas de cereal que importamos cada año de Ucrania, Nueva Zelanda… de donde sea. No tenemos cereales suficientes.

-El aceite de oliva ha subido mucho de calidad. Ha sido la única salida que nos ha quedado para poder competir.

Total que hemos pasado 27 años invirtiendo recursos con un fin. Y al cabo de los años hemos visto, no sólo que el fin no se consigue, sino que se agrava el problema. Hemos gastado muchos millones en remar en dirección equivocada. Y esto ha sido así lisa y llanamente porque mientras firmaban unos acuerdos delante de la prensa, los países europeos pata negra (de antes del 86) lo que hacían era velar por sus intereses individuales.

¿Cuándo pedirán disculpas los políticos?¿cuándo reconocerán su error los técnicos?.

Y sobre todo…¿hasta cuándo van a intentar seguir haciéndonos creer que esto es una Europa unida donde todos somos amiguitos?.

martes, 18 de junio de 2013

Vida nocturna


No hablo de los países que visito. No pretendo hacer un sesudo estudio de tertuliano por el simple hecho de haber pasado una semana en un país. Ni mucho menos resolver las claves de conflictos centenarios con mi visión parcial y momentánea.

Pero si soy espectador de todos los sitios a donde voy. Si que llego, mor de seguir los dictados del pollo frito, a mezclarme en el entorno rural y primitivo de cada uno de los sitios donde estoy. Y convivo con ellos y me mezclo con ellos.

Y me descojono de risa cuando oigo a exploradores de ropa de marca que van a visitar “la parte auténtica” de tal o cual país. Porque generalmente, en la parte auténtica de un país, de cualquier país, no hay nada que visitar y sí que hay calor y moscas y mierda y polvo. Y a veces hambre.

El moverte en el entorno rural y primitivo, no sólo te enseña esa cara sucia y fea en los países del segundo o tercer mundo. Cuando has hecho unos cuantos viajes a países del primer mundo, esa parte de espectador también te puede llevar a ver imágenes que no esperabas.

Y entonces puedes descubrir una parte del país que no sale en las películas ni en las estadísticas. Y ves una población que viaja, de noche, de gasolinera en gasolinera, de área de servicio en área de servicio, buscando Wi Fi, para conectarse y mantener la relación con ese mundo falso y virtual, en el que son como les gustaría ser.

También hay otra población nocturna, que va de bar en bar y de  un club de lap dance a otro. Comprando las cervezas en las tiendas 24 horas. Matando la soledad a fuerza de billetes arrojados las barras de baile.

Son parte de una escoria social que no es pobre. Que no pasa hambre. Pero que acarrean una miseria interior, una soledad y una tristeza que dan a veces más pena que los otros.