martes, 29 de noviembre de 2011

Por preguntar...


Dice La Parienta que me pasé en la respuesta. Yo creo que el gilipollas fue él, por preguntar. Que yo no hice más que ponerme a su altura.
El caso es que nos encontrábamos una serie de padres esperando a nuestros hijos en el cole. Todos muy educados “hola-hola que tal”. Yo estaba con uno con el que, incluso, me he tomado algún café.
Y entonces llegó uno, que ha venido nuevo este año, del extranjero,  y tiene unas ganas terribles de ser colega de todos. Unas ganas que te hacen vomitar. Y desesperado por intentar tener una conversación, algo en todo punto innecesario, le empieza a dar la brasa al que estaba a mi lado:
-Che, ¿y vos cuantos hijos tenés? – él tiene cuatro
-Uno
Y entonces, en plan colega el nuevo se vuelve hacia mí y suelta:
-Eh ¿viste?, pero ¿Dónde quedó la furia española? Solo un pibe…
La has cagado colega, la has cagado pero bien. Porque sabía la respuesta:
-Bueno, tuvimos este, luego dos abortos, un extrauterino…y ya como que paramos.
-Aaaah.
Supuse que con eso se callaría una temporada. Pero no, manda huevos, vino a por más. Y yo precisamente no hago amiguitos ni con los vecinos, ni con compañeros de curro ni con padres del cole así que…:
-Y vos Gonzalo ¿Cuántos hijos tenés?
-Yo dos. Pero es que follamos muy poco.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Un monstruo dentro de mí


Mi hijo, ya lo he dicho aquí antes, se apuntó al equipo de balonmano de su colegio. Con los antecedentes que yo tenía sobre los tíos que se dedicaban a jugar a balonmano, no me pareció muy buena idea, (un saludo a ECDC), pero bueno, no es cuestión de discutir si quiere hacer deporte.
Mayormente, mis obligaciones al respecto se limitaban a organizarme con La Parienta para recogerlo de los entrenamientos, y llevarlo a los partidos los sábados por la mañana. Llevarlo a los partido consiste en levantarte pronto, lo cual es jodido un sábado, dejarlo en su colegio o en otro y irte a buscar un bar. Generalmente, nuestra ciudad es pequeña, ya sabes de antemano el bar y  lo que te vas a tomar. Te lo tomas, un café un cigarrito y el periódico. Luego recoges al niño, saludas al personal y te vas a caso dejándole que te cuente sus  películas respecto al partido. El plan no es del todo malo.
Eso si, no es del todo malo, contando que a nosotros los padres no nos llevaban a los partidos, te buscabas la vida para ir tú. Faltaría más. Y tampoco iban a verte. De hecho, alguna vez, mi hijo se quejaba de que yo no iba a verle a los partidos. Pero le deje muy claro cuales eran mis obligaciones y responsabilidades… y la frágil línea que había entre no ir a verle y ni siquiera llevarle…
Pero el otro día hubo una alteración sustancial al plan. Primero hubo que madrugar mucho para el partido. Eso jode. Y luego yo no tenía el estómago para mucho almuerzo. Me había sentado la cena regular, así que desayune un zumo y punto. No me apetecía más.
Y claro. No sabía que hacer durante el partido. Así que me quede a verlo.
Después de la sorpresa inicial, sobre todo de mi hijo,  y explicando los motivos de mi presencia, los otros padres (fanáticos del deporte en general y del de sus hijos en particular) me iban explicando las jugadas, diciéndome lo que pitaba el arbitro…En un momento dado se indignaron porque hubo una falta y el arbitro no la pitó.
-“Pues decírselo”, dije yo, “¿o es que os da vergüenza?”
Me miraron horrorizados, una pandilla de cagados. Así que yo, que tengo una voz grave y potente, que cuando hablo bajo se me oye en tres metros a la redonda solté un chorro de voz:
-“¡Que ha sido falta!” 
El grito resonó en el pabellón. La gente se volvió a mirar. Creo que incluso el árbitro.
Pero yo me sentí bien, me relajó…me gustó. Fue como desestresante. Al poco, otro padre experto susurro: “eso ha sido pasos…”. Y yo, aproveche para lanzar otro grito:
-“¡Arbitro, que ha sido pasos! ¡que no te enteras!”
Joder, aquello era una gozada. Me vine arriba. A partir de ahí decidí que como me la pelaba la gente que había allí, que no me conocían y que la semana había sido regular, me iba a regalar una sesión de “hooliganismo” para relajarme. Los otros padres, que me vieron en racha, me iban susurrando lo que tenía que gritar. Ellos me provocaban, yo entraba al trapo…incluso alguna vez tuvieron que pararme “pero hombre, Gonzalo, que estas protestando un fallo que nos favorece…”
Total que acabé el partido con la peña mirándome alucinados pero perfectamente relajado de la semana coñazo del curro. Descubrí lo que puede llevar a la gente a gritar en un campo de deporte como descosidos. Y es que, sin que implique nada, sin consecuencias sobre ti, puedes gritar, chillar, rugir…sin ningún problema. Ojo sin legar a insultar…demasiado. Sales nuevo, mucho más relajado. Pero eso no fue lo mejor…
Lo mejor fue mi hijo diciéndome “papá,  yo prefiero que no vengas a verme a los partidos…”

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Queridos ex-vikingos


Que es que no me lo creo, vamos, que os tenga que explicar yo esto. A ver colegas, vuestros antepasados desembarcaban en una costa, en Galicia por ejemplo, mataban a los hombres, violaban a las mujeres, robaban la carne y el vino y se iban tan contentos. Así eran.
Y esa raza ha degenerado en esto…que parece mentira. Yo no se si tanto ir en bici os ha quitado las fuerzas, pero no es normal. A ver, que si veis un extranjero, haciendo una pirula de puta madre con el coche, se le pita. O se le da ráfagas a morir. O algo. Pero no os quedáis tan tranquilos, casi pidiendo perdón…no es serio. Que tenéis la sangre de horchata.
Vamos que la corrección os mata. Que el tío que se os cuela en la rotonda para pillar el carril contrario…es que se ha equivocado, joder, y se esta metiendo donde no es…no le sonriáis coño, darle un bocinazo.
Que si Erik levantara la cabeza…por cierto, que quede claro. Erik llego a América en su nave vikinga ¿vale?, bueno pues nada más llegar, se saco la chorra y echo una meada monumental. En el suelo…que hacía horas desde la última gasolinera. Pues los hombres hacen lo mismo…en todas partes menos en vuestro país. Manda huevos. Que vas por una carretera de cuarta categoría y de repente ves un apartadero… ¡con baño!... ¡y papel higiénico!...esto no es serio, que no. Se para en las cunetas a mear. Y vosotros vais y ponéis unos huecos para parar con el número de coches que caben. Y si caben 3, hay 3, y se mete un cuarto, por el morro, os ponéis atacados perdidos y en menos de un minuto se va uno. Así no, colegas, así no.
Que esto seguro que no era así cuando llevabais cascos con cuernos. Vamos, que si un tío aparca mal el coche se le multa. Y si viene con que no entiende lo de la zona azul porque es extranjero…os la esta metiendo, no le pidáis perdón y le quitéis la multa. Y si dice que no entiende el relojillo ese que llevan los coches en el parabrisas para marcar el tiempo de aparcar… os la está metiendo doblada. Cortarle la cabeza y haceros un vaso con su cráneo, coño, que sois vikingos. Y lo del relojillo ese existía aquí cuando mi madre era joven…
Por cierto ¿qué es eso de poner multas en papel plastificado anti humedad?, las multas se ponen en un papelillo cutre de libreta. Y si un guiri no la entiende que se joda. No se le explica veinte veces y luego se le anula pero se le deja de recuerdo…no.
Pero es que tanto comer semillas os ha afectado, seguro. Daros cuenta que la gente es mala, y vosotros no. Y así os luce el pelo. Si tienes una casa en medio del campo, con un cartel de anuncio de cerveza, que te mola, cuando entra un extranjero que pasaba por allí y te dice “a ver majete, ponme un cortado y algo de comer que sea típico”, primero le explicas que eso no es un bar y luego lo mandas a su puta casa. Pero no le sacas café y embutido y a la hora de pagar le dices que no que es tu casa…y que estas muy contento de haber charlado con él. Que no va así la cosa.
E igual que tenéis un idioma que no entiende nadie y unas señales incomprensibles, que pone  “Putopueblostraad” y es que habéis conseguido hacer una sola palabra para decir “Carretera a Putopueblo” pues tenéis que pasar de sonreír e intentar ayudar a todo el capullo que se pierde por aquí, hombre, haceros unas salchichas con sus tripas.
Que es que vas por las calles y se oye el silencio, entre las bicis y lo comedidos que sois…madre mía si os vieran los adoradores de Thor…
Y muy corteses y muy educados, en casa y fuera. Que no tenéis cortinas ni persianas…todo el mundo puede ver vuestras casas perfectas desde la calle. Por cierto, mi querida vikinga, si vives en frente de un hotel, y, mientras te arreglas el pelo medio en bolas, hay un joven y atractivo extranjero en la ventana justo de enfrente, hablando ensimismado por teléfono, con la mirada perdida atendiendo a la conversación, que parece que te transparenta…es mentira. No habla por teléfono.
Te está mirando las tetas.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Jugando a Willy Fog

Desde el primer viaje que lo haces, por qué negarlo, ilusionado; vas cogiendo experiencia de qué es lo realmente importante y qué es superficial. Y así vas acercándote a un estado muy cercano al Nirvana viajeril, que es cuando ya no te altera ni te importa el destino que te pongan por delante. Tu ya tienes tu rutina hecha, ya sabes como van las cosas y te manden a donde te manden sabes que vas a estar, sino bien, al menos sin grandes sorpresas. Eso es la organización del profesional del viaje.
Así que voy a explicaros como me preparo un viaje, cuando ya viajar es lo habitual, uno adquiere ciertas costumbres, que pueden parecer sorprendentes pero que son garantía de bienestar.
La gente, normalmente, cuando prepara un viaje se mete en la web del hotel para ver si hay piscina, spa, gimnasio y si está céntrico. A mi lo único que me preocupa es hacer la reserva con garantía de cama grande, aire acondicionado y/o calefacción individual e Internet de alta velocidad. Todo lo demás me sobra. Si acaso, que esté cerca del aeropuerto. Total no voy a pasear, lo más que puede pasar es que si en el centro hay atascos pierda el avión… Luego viene cuando te llama La Parienta y te dice “¿has visto la terraza?” porque ha visto en Internet que el hotel tiene una terraza con vistas…y quedas como un capullo.
La gente mira a ver si en el vuelo le dan de comer, compara los precios en distintas compañías y como llegar del aeropuerto al hotel. Yo ya sólo me preocupo de volar en una aerolínea de las cómodas y que me den un sitio tipo salida de emergencia o similar con los puntos de tu tarjeta de viajero frecuente. Y es que de una aerolínea a otra van unas diferencias abismales. Y no sólo las de bajo coste (que no usamos) sino las normales, que por ejemplo Iberia cada vez nos deja menos sitio.
Los turistas, se preocupan de estudiar los medios de transporte en el lugar de destino: metro, tren, autobús…Yo me alquilo un coche de gama media y a ser posible de algún modelo de fabricación o de comercialización local e intento que me suban al de categoría superior. Porque si voy a conducir, por lo menos que sea un coche diferente. Que tanto como para hacerte ocho horas de avión y conducir un Golf, pues no. Que sea diferente. Muchas veces ni siquiera llevo un mapa de carreteras del destino, pero llevo CDs con música para el coche. Que  luego te pierdes y la radio local es una mierda…
Una persona normal que viaja, consulta el tipo de cambio de la moneda local. Seguramente incluso compras desde aquí moneda de allí. A mi ya, lo único de lo que me preocupa es de que la Visa funcione. Por si acaso, llevo un remanente de dólares USA, que es la moneda universal.
El viajero ocasional recopila información turística. La única información que me interesa a mi es lo que se come allí, por saber si me va a gustar o tengo que comer en hoteles con restaurante de cocina internacional. También me entero de cual es la bebida típica…No se por qué, pero en general, me hace gracia el probar la cerveza local. Ya ves tu que gilipollez, pero así es, pido cervezas locales. Y generalmente son buenas.
Mientras el turista busca información de monumentos, yo lo que intento comprobar es si las empresas que voy a visitar tienen página web y, a través de esta, si parecen serias o el viaje va a ser para perder tiempo…
Y claro, luego ese tic de ir recogiendo las facturas de todo. Que pareces un cutre, pero es que a los de contabilidad les encanta que todos los gastos vayan muy detallados…aunque no entiendan ni papa de lo que dice…

viernes, 4 de noviembre de 2011

Cumpleaños


Estaba en paro agobiado, mucho. Y me llamaron para una entrevista, y otra, y otra y así pase las navidades tranquilo. Caí en medio de un montón de ingenieros. De repente estaba en Grecia, entre pasotas e indiferentes. La Parienta se quedaba con el mando y con la nave y yo en México viví con los hijos de los colonizadores y con lo hijos de los indígenas y me gustaron más los segundos. Pero ya me estaban ofreciendo, otra vez, putas en Bangkok. Casi sin respirar estaba entre musulmanes, con Internet censurado, y me miraban como se mira al infiel. De repente estaba en Irlanda, como de joven, como siempre. El tiempo no pasa en Irlanda. Vacaciones de Semana Santa, familia. Cruce Rumania en coche, para volver atrás treinta años. África me golpeo en toda la cara. Estaba enfermo y en Johannesburgo. Enfermo lejos de casa, tan lejos, te sientes muy pequeño. “Papá ¿por qué no te desapuntas de ese trabajo nuevo?”, decía mi hija entre lágrimas y yo me quería ir de Angola. Pero irme ya, por Dios, quiero volver. Llamé a La parienta mientras estaba cruzando el Missisippi, “te echo de menos” “y yo”. ¿Cuántas veces nos lo hemos tenido que decir este año?.  Ya estaba cenando en Chicago. Había probado la soledad en un bar donde se emborrachaban ejecutivos fracasados e intentaban ligar con desesperadas tristes, y ahora cenaba enfrente a una familia, un sábado noche, como podía ser la mía. Y sentí la soledad muy fuerte. Pase otra vez por Rumania  y me fui a Irán, que me gustó, me sorprendió y me encanto su gente.
Verano, vacaciones. Pausa y vuelta al curro, y vuelta al cole de los niños y vuelta a buscar una rutina.
Y lloré toda una mañana, paseando por Bucarest, acordándome de mi padre.
Y ya soy un año más viejo.
Y el mundo que viene da miedo. No se lo que nos pasará, pero miro para atrás y da vértigo. Y si miro para el futuro veo lista de viajes que me espera para el año que viene, con más África, más…de todo. Así que pienso que si he pasado todo eso, sin con mi miedo al avión he cogido 35 este año,  tampoco será tan complicado sobrevivir un año más, y pagar deudas y la hipoteca. Y a lo mejor, con un poco de suerte, tengo más ratos de estar con La Parienta, y gano algo más de pasta y el mundo capitalista occidental no se va al carajo….y dentro de  un año puedo celebrarlo otra vez.
Tampoco pido tanto.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ya soy mayor...


Uno nunca pensaba que iba a tener historias de abuelo cebolleta. Yo me creía eternamente joven.  Pensaba que estaba en la pomada. Y no, ni de coña. Hace poco, por una de esas carambolas que tiene la vida laboral esta que llevo, me encontré cenando con varias “azafatas / interpretes / pensad lo que queráis”.  Y hablando con ellas me di cuenta de que su insultante juventud (no pasaba ninguna de los 31) las situaba lejos de mi. Muy lejos de mí. De hecho les parecía totalmente inofensivo.
Ojo, una cosa es que yo sea inofensivo. Que lo soy. Pero otra diferente es que te perciban como inofensivo. Vamos, que son gacelas que se ponen a comer a tu lado sin problema, como para que presumas de león…Que te vean como inofensivo, te hace sentir mayor.
Eso si, a cambio, el que te vean como inofensivo, te permite tener conversaciones mucho más divertidas e interesantes. Y me he dado cuenta de que los tíos de ahora lo tienen muy fácil. Conocen a una tía y en seguida están en contacto por el Facebook, o el Twenti, se intercambian el móvil…Y oyendo todo esto me soliviante, y les expliqué que eso no tenía mérito. Que en nuestra época era mucho más difícil:
“Primero tenias que conseguir el teléfono de la tía en cuestión. Y claro pedírselo era  demasiado obvio. Tenias que conseguir que te lo diera una amiga, o alguien. Y que a la vez le dijera que la ibas a llamar. Si aceptaba ya era un paso. Pero luego había que llamarla, y todas, todas las tías del mundo tenían un hermano cabrón en casa. Un auténtico hijodeputa que cogía el teléfono cuando llamaban a su hermana y te preguntaba que quien eras, que qué querías….lo que fuera para hundirte los pocos arrestos que te quedaban….O te cogía el padre. No se que era peor. Y luego ya cuando se ponía ella no sabias que decir. Que además todas las putas casas del mundo tenían un teléfono en el medio del salón, nada de portátiles. Y ahí estabas tu intentando quedar con una, y tu hermano descojonandose, y tu hermana echando oreja, tu madre de charla con el párroco que justo ese día había venido de visita…Aquello era complicado, que vergüenza, ahora lo tienen todo hecho….”
Cuando me callé, me miraban alucinadas. Luego directamente se estropearon de risa, me pidieron un caldito y una manta para las rodillas…